Vampire Academy
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 Lectura online

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Anna Ivashkov
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Ficha de personaje
Nombre: Aelizs Ivanov
Raza: Dhampir principiante
Año: 2do año

MensajeTema: Lectura online   Jue Dic 08, 2011 11:54 pm

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Capítulo 1

Sentí su miedo antes de escuchar sus gritos. Su pesadilla golpeó, sacándome de mis propios sueños, que habían tenido algo que ver con una playa y algún chico
guapísimo aplicándome crema bronceadora. Imágenes – suyas, no mías – se precipitaron a través de mi mente: fuego y sangre, el olor del humo, el metal retorcido de un coche.
Las imágenes me envolvieron, asfixiándome, hasta que
alguna parte racional de mi cerebro me recordó que ése no
era mi sueño.
Me desperté, largos mechones de mi oscuro cabello, se
pegaban en mi frente. Lissa estaba acostada en su cama,
retorciéndose y gritando. Salté de la mía y, rápidamente,
crucé los pocos metros que nos separaban.
“Liss,” dije, sacudiéndola. “Liss, despierta”
Sus gritos disminuyeron, siendo sustituidos por suaves
quejidos.
-“Andre,” gimió ella. “Oh Dios”
La ayudé a sentarse.
“Liss, ya no estás allí, despierta”
Después de algún tiempo, sus ojos comenzaron a abrirse y, en
la débil luz, pude ver un parpadeo de consciencia que
comenzaba a despertarse. Su frenética respiración disminuyó,
y ella se inclinó hacia mí, descansando su cabeza en mi
hombro. Pasé un brazo alrededor suyo y coloqué una mano
sobre su pelo.
“Está bien” le dije con cuidado. “Está todo bien”.
“Tuve ese sueño”
“Sí, lo sé”
Permanecimos así sentadas durante varios minutos, sin decir
nada más. Cuando sentí que se había calmado, me incliné
sobre la mesita que estaba entre nuestras camas y encendí la
lámpara. Brilló débilmente, pero ninguna de nosotras
necesitaba mucho para ver. Atraído por la luz, nuestro
compañero felino, Oscar, se posó encima del alféizar de la
ventana abierta.
Se mantuvo a una distancia segura de mí – por alguna razón,
a los animales no les gustan los dhampirs – pero saltó sobre
la cama y frotó su cabeza contra Lissa, ronroneando
suavemente. Los animales no tenían problemas con los
Moroi, y todos ellos amaban a Lissa en particular. Sonriendo,
ella rascó su barbilla y sentí que se calmaba aún más.
“¿Cuándo fue la última vez que te alimentaste?” Pregunté
estudiando su rostro. Su piel estaba más pálida que de
costumbre. Tenía unas enormes ojeras, y tenía un aire de
debilidad. La escuela había sido agitada esta semana, y no
recordaba la última vez que le había dado sangre. “¿hace
como… dos días, verdad? ¿Tres?¿Por qué no dijiste nada?”
Ella se encogió intentando no mirarme a los ojos.
“Estabas ocupada. No quise—”
“¡A la porra con eso!” Dije, cambiando a una posición mejor.
No me extrañó que pareciera tan débil. Oscar, no
queriéndome más cerca, se bajó de la cama y volvió a la
ventana donde podría mirarnos desde una distancia segura.
“Vamos. Hagámoslo”
“Rose –“
“Vamos. Te hará sentir mejor”
Incliné la cabeza y aparté mi pelo hacia atrás, dejando mi
cuello al descubierto. La vi vacilar, pero la vista de mi cuello y
lo que éste ofrecía resultó ser demasiado tentador. Una
expresión hambrienta cruzó su rostro, y sus labios se
separaron ligeramente, exponiendo los colmillos que ella
normalmente mantenía ocultos al estar viviendo entre la
gente. Aquellos colmillos contrastaban de una manera
extraña con el resto de sus rasgos. Con su hermosa cara y su
pelo rubio pálido, parecía más un ángel que un vampiro.
Cuando sus dientes se acercaron a mi piel desnuda, sentí mi
corazón latir aceleradamente con una mezcla de miedo y
anticipación. Siempre odiaba el sentimiento que venía
después, pero no había nada que pudiese hacer, era una
debilidad de la que no podía librarme.
Sus colmillos me mordieron, con fuerza, y lloré en la breve
explosión de dolor. Entonces desapareció, sustituyéndose por
un maravilloso y excelente placer que se extendió por mi
cuerpo. Era mejor que cualquiera de las veces que me había
emborrachado. Mejor que el sexo – o eso es lo que me
imaginé, ya que nunca lo había hecho. Era una manta de puro
y refinado placer, que me envolví y me prometía que todo iría
bien en el mundo. Las sustancias químicas en su saliva
provocaron una descarga de endorfina, y perdí la noción del
mundo, perdí la noción de quien yo era.
Entonces, lamentablemente, todo terminó. Ocurrió en menos
de un minuto.
Ella se apartó, limpiándose los labios con el dorso de la mano
mientras me observaba.
“¿Estás bien?”
“Yo… Sí.” Me acosté en la cama, mareada por la pérdida de
sangre. “Sólo necesito dormir un poco. Estoy bien.”
Sus ojos, de un color verde jade pálido, me miraron con
preocupación. Entonces se puso de pie.
“Voy a buscarte algo de comer”
Mis protestas llegaron tarde a mis labios, y ella ya se había
marchado antes de que pudiera decir nada. El zumbido que
provocaba el mordisco disminuyó en cuanto ella rompió la
conexión, pero aún quedaba una pequeña presencia en mis
venas y sentí que una tonta sonrisilla me cruzaba los labios.
Giré la cabeza y mire a Óscar que permanecía sentado en la
ventana.
“No sabes lo que te estás perdiendo” Le dije.
Su atención se centraba en algo que había fuera. Estaba
agazapado y erizó su pelo negro. Su cola se movía
nerviosamente.
Mi sonrisa se desvaneció y me obligué a levantarme. El
mundo dio un giro y decidí esperar a que se pusiera derecho
antes de intentar levantarme. Cuando lo logré, el mareo
regresó y esta vez se negó a desaparecer. Aún así me sentí lo
suficientemente bien como para dar un traspié hasta la
ventana y mirar fuera junto a Óscar.
Él me lanzó una mirada cautelosa, que apenas duró unos
segundos, y luego volvió a centrarse en aquello que había
llamado su atención.
Una cálida brisa, – anormalmente caliente para Portland, –
jugó con mi pelo cuando me asomé. La calle estaba oscura y
relativamente tranquila. Eran las tres de la mañana, la única
hora en la cual el campus universitario se tranquilizaba, al
menos un poco. La casa en la que habíamos alquilado una
habitación durante los últimos ocho meses estaba situada en
una calle residencial junto a otras viejas casas con las que no
armonizaban. Al otro lado de la carretera, una farola
parpadeaba, casi a punto de apagarse, pero aún emitía
suficiente luz como para dejarme ver las formas de coches y
de los edificios. Podía distinguir la silueta de los árboles y
arbustos de nuestro viejo patio.
Y a un hombre mirándome.
Me estremecí ante la sorpresa. Una figura estaba parada ante
un árbol en el patio, a unos diez metros de distancia, donde se
le podía ver claramente a través de la ventana.
Estaba lo suficientemente cerca como para que,
probablemente, si hubiera lanzado algo le hubiera golpeado.
Tan cerca que podría haber visto lo que Lissa y yo
acabábamos de hacer.
Las sombras lo cubrían tan bien que incluso con mi visión
mejorada no podía ver ninguno de sus rasgos, excepto su
altura. Era alto. Realmente alto. Estuvo allí parado un
momento, dejándose ver apenas, y luego dio un paso atrás
despareciendo bajo las oscuras sombras de los árboles del
otro lado del lejano jardín. Estuve muy segura de haber visto
alguien más acercarse para reunirse con él antes de que
ambos fuesen tragados por la negrura.
Quienes quieran que fuesen esas figuras, a Óscar no le
gustaron. Sin contarme a mí, a él solía caerle bien la mayoría
de la gente, mostrándose molesto sólo cuando esa gente
representaba un peligro inminente. El tipo de allí fuera no
había hecho nada que amenazase a Óscar, sin embargo el gato
sintió algo, algo que le puso en alerta.
Algo parecido a lo que siempre sentía por mí.
Un temor frío me atravesó y casi, – aunque no
completamente, – consiguió hacer desaparecer la sensación
de felicidad del mordisco de Lissa. Me aparté de la ventana,
me vestí con unos tejanos que encontré en el suelo y que
debían haberse caído durante el proceso. Después de
vestirme, cogí mi abrigo y el de Lissa junto con nuestras
carteras. Me puse en los pies los primeros zapatos que vi y salí
por la puerta.
La encontré en el piso de abajo, en la aglomerada cocina,
hurgando en la nevera, uno de nuestros compañeros de
habitación, Jeremy, estaba sentado en la mesa, tenía una
mano sobre la frente mientras miraba tristemente el libro de
cálculo. Lissa me miró con sorpresa.
“No deberías estar levantada.”
“Tenemos que irnos. Ahora.”
Sus ojos se abrieron y un segundo después lo comprendió.
“¿Estás…hablando en serio? ¿Estás segura?”
Asentí. No podía explicarlo cómo lo sabía con certeza,
simplemente lo sabía. Jeremy nos miró con curiosidad.
“¿Qué sucede?”
Una idea surgió en mi mente. “Liss, consigue las llaves de su
coche.”
Él nos miró a una y a otra alternativamente. “¿Qué vas –?”
Lissa caminó hacia él sin vacilar. Su temor se deslizó dentro
de mí a través de los lazos psíquicos que habíamos
establecido, pero había algo más también: Su fe absoluta en
que me ocuparía de todo, en que estaríamos seguras. Como
siempre, esperé ser digna de esa confianza.
Ella sonrió ampliamente y lo miró fijamente a sus ojos. Por
un momento, justo al principio, Jeremy se mostró confuso,
entonces vi al esclavo apoderarse de él. Sus ojos se volvieron
cristalinos, contemplándola con adoración.
“Necesitamos que nos prestes tu coche” dijo Lissa en tono
suave. “¿Dónde están las llaves?”
Él sonrió, y yo me estremecí. Tenía una alta resistencia a la
coacción, pero podía sentir claramente sus efectos cuando
iban dirigidos a otra persona. Esto más la experiencia de toda
mi vida me había enseñado que usarlo estaba mal. Jeremy
buscó en un bolsillo y le entregó un juego de llaves que
colgaban de un largo llavero rojo.
“Gracias” Dijo Lissa. “¿Dónde está aparcado?”
“Calle abajo” contestó distraídamente. “En la esquina con
Brown. A cuatro manzanas.”
“Gracias.” Repitió ella volviéndose. “En cuanto nos hayamos
ido quiero que sigas estudiando. Olvida que nos has visto esta
noche”
Él asintió atentamente. Tuve la impresión de que incluso
saltaría de un acantilado si ella se lo hubiera pedido. Todos
los humanos son susceptibles a la coacción, pero Jeremy aún
parecía más débil que la mayoría. Lo cual nos benefició en ese
momento.
“Vamos” le dije a Lissa. “Tenemos que irnos”
Salimos en dirección a la esquina que nos había indicado. Yo
aún estaba mareada por el mordisco y continuaba
tropezando, incapaz de moverme tan rápido como quería.
Lissa tuvo que sujetarme un par de veces para evitar que
cayera. Continuamente, la ansiedad que había en su mente
me invadía. Intenté ignorarla lo mejor que pude, pues
también tenía mis propios miedos con los que lidiar.
“Rose… ¿Qué vamos a hacer si nos atrapan?” Susurró.
“No lo harán” Repuse con fiereza. “No se lo permitiré”
“Pero si nos encuentran –
“Ya nos encontraron antes y no pudieron cogernos.
Simplemente iremos en coche hasta la estación de tren y de
allí a Los Ángeles. Nos perderán la pista.”
Hice que pareciese simple. Siempre lo hacía, aunque no
hubiera nada simple en huir de las personas con las que
habíamos crecido. Llevábamos haciéndolo dos años,
escondiéndonos dónde podíamos e intentando terminar el
instituto. Nuestro último año acababa de comenzar, y vivir en
un campus universitario parecía seguro. Estábamos tan cerca
de la libertad.
Ella no dijo nada más, y sentí cómo aumentaba su fe en mí.
Así había sido siempre entre nosotras. Yo era la que tomaba
las riendas de la acción, quién se aseguraba de que las cosas
sucediesen, – a pesar de que algunas veces lo hacía de forma
imprudente. Ella era la más razonable, la que pensaba las
cosas y las analizaba profundamente antes de actuar. Ambos
estilos tenían sus ventajas, pero por el momento, la
imprudencia se imponía. No teníamos tiempo para
vacilaciones.
Lissa y yo habíamos sido las mejores amigas desde el jardín
de infancia, cuando nuestro profesor nos emparejó juntas en
las lecciones para aprender a escribir.
Obligar a un niño de cinco años a deletrear Vasilisa Dragomir
y Rosemarie Hathaway va más allá de la simple crueldad, y
nosotras, – o mejor dicho, yo, – respondí a ello
apropiadamente. Arrojé el libro a nuestro profesor y le llamé
bastardo fascista. No sabía lo que significaban aquellas
palabras, pero aprendí cómo se acierta a un blanco móvil.
Lissa y yo habíamos sido inseparables desde entonces.
“¿Oyes eso?” preguntó de pronto.
Me llevó unos segundos reconocer lo que sus agudizados
sentidos ya habían oído. Pasos, moviéndose rápidamente.
Hice una mueca. Aún nos quedaban dos manzanas más por
recorrer.
“Tenemos que correr” dije cogiéndola del brazo.
“Pero no puedes – ”
“Corre”
Puse toda mi voluntad para no desmayarme sobre la acera.
Mi cuerpo se negaba a correr después de perder sangre o
mientras aún estuviese metabolizando los efectos de su saliva.
Pero ordené a mis músculos que dejasen de fastidiar y se
pegasen a Lissa mientras nuestros pies golpeaban sobre el
asfalto.
Normalmente yo podría haber corrido con ella sin ningún
esfuerzo extra –especialmente por que ella estaba descalza –,
pero esta noche ella era todo lo que me mantenía derecha.
Los pasos de nuestros perseguidores se escuchaban más
fuertes, más cercanos. Estrellas negras bailaban ante mis
ojos. Delante de nosotras pude distinguir el Honda verde de
Jeremy. Oh Dios, si pudiéramos simplemente alcanzarlo –.
A tres metros del coche, un hombre se interpuso en nuestro
camino. Nos detuvimos bruscamente, y tiré de Lissa hacia
atrás. Era él, el tipo que había visto a través de la calle
mirándome.
Él era más mayor que nosotras, quizá unos veinti-pocos, y tan
alto como me había figurado, probablemente de unos dos
metros. En otras circunstancias, – digamos cuando no
estuviera obstruyendo nuestra desesperada huida, – habría
pensado que él era atractivo. Pelo marrón a la altura de los
hombros, sujetado en una corta cola de caballo. Ojos marrón
oscuro. Un abrigo largo y marrón, – un guardapolvo, creo que
se llama así.
Pero ahora era irrelevante lo bueno que estuviera. Él sólo era
un obstáculo que nos mantenía a mí y a Lissa lejos del coche y
de nuestra libertad. Los pasos de detrás de nosotros
disminuyeron, y supe que nuestros perseguidores nos habían
atrapado. En los costados, detecté más movimiento, más
gente acercándose. Dios. Ellos habían enviado por lo menos a
una docena de guardias para recuperarnos. No lo podía creer.
Ni siquiera la reina viajaba con tantos.
Presa del pánico, y no con el completo control de mi
razonamiento, actué por instinto. Me presioné contra Lissa,
manteniéndola detrás de mí y lejos del hombre que parecía
ser el líder.
“Dejadla en paz” gruñí. “No la toquéis!”
Su semblante era ilegible, pero levantó sus manos en lo que
aparentaba ser algún tipo de gesto calmante, como si yo fuera
un animal rabioso al que el trataba de sedar.
“No voy a –“
Dio un paso al frente. Acercándose más.
Lo ataqué, saltando en una maniobra ofensiva que no había
usado en dos años, no desde que Lissa y yo huimos. La
maniobra fue estúpida, otra acción que había nacido del
miedo y el instinto. Y fue inútil. Él era un guardia habilidoso,
no era un novato que aún no había completado su
entrenamiento. Tampoco era débil o estaba a punto de morir.
Y hombre, él era más rápido. Había olvidado lo rápidos que
los guardias podían ser, como se podían mover y golpear
como cobras. Me bloqueó en pleno vuelo y, con sus manos,
me golpeó y me envió hacía atrás. No creo que él hubiera
querido golpearme tan fuerte, – probablemente sólo quería
mantenerme alejada – pero, debido a mi falta de
coordinación en mi habilidad para responder, fui incapaz de
erguirme. Comencé a caer, directamente hacia la acera,
apuntando con la cadera. Iba a doler. Mucho.
Sólo que no llegó a suceder.
Tan rápido como me bloqueó, el hombre me alcanzó y agarró
mi brazo, poniéndome de pie.
Cuando me sostuve por mí misma, noté que me estaba
observando – o mejor dicho, mi cuello.
Todavía desorientada, no lo entendí de inmediato. Luego,
lentamente, mi mano libre alcanzó el costado de mi garganta
y toqué suavemente la herida que Lissa me había hecho antes.
Cuando quité mis dedos, observé mi piel manchada con
oscura sangre. Avergonzada, revolví mi cabello para que me
cayera por delante de la cara. Era espeso y largo y me cubría
el cuello por completo. Lo había dejado crecer precisamente
por ese motivo.
Los oscuros ojos del hombre se mantuvieron en el ahora
escondido mordisco y luego se encontraron con los míos. Le
devolví una mirada desafiante y rápidamente me deshice de
su agarre. Me dejó ir, aunque sabía que él me podría haber
detenido toda la noche si lo hubiera querido. Luchando con el
nauseabundo mareo, me acerqué nuevamente a Lissa,
preparándome para otro ataque. De repente, su mano tomó la
mía.
“Rose” dijo en voz baja.”No”
Al principio sus palabras no tuvieron ningún efecto en mí,
pero gradualmente pensamientos tranquilizantes empezaron
a instalarse en mi mente, viniendo a través de nuestra
conexión. No fue exactamente coacción, – ella no hubiera
usado eso en mí, – pero fue efectivo, como fue el hecho de que
éramos superadas en número y en nivel.
Incluso yo sabía que luchar sería inútil. La tensión dejó mi
cuerpo, y sucumbí ante la derrota.
Sintiendo mi resignación, el hombre se acercó, poniendo su
atención en Lissa. Su cara estaba tranquila. Él le dedicó una
reverencia y logró parecer grácil al hacerlo, lo que me
sorprendió considerando su altura.
“Mi nombre es Dimitri Belikov.” Dijo. Pude oír un pequeño
acento ruso.
“He venido para llevarla de vuelta a la Academia St. Vladimir,
princesa.”


Traducción por Ncullen & Jen
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Anna Ivashkov
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MensajeTema: Capítulo 2   Sáb Dic 10, 2011 7:37 pm

Capítulo 2

A pesar de mi odio, tenía que admitir que Dimitri Beli-no se
que, era más listo de lo que parecía. Después de que nos
llevasen el aeropuerto, al jet privado de la Academia, nos vio
cuchicheando y mandó que nos separásemos.
"No las dejéis hablarse", le advirtió al guardia que nos
escoltaba a la parte de atrás del avión. "Cinco minutos juntas
y construirán un plan de fuga".
Le lancé una mirada arrogante y salí refunfuñando por el
pasillo. No importa el hecho de que estuviésemos planeando
una fuga.
Como era habitual, las cosas no salieron bien para nuestros
héroes - o heroínas, en este caso. Puesto que estábamos en el
aire, nuestras posibilidades de escapar se redujeron aún más.
Aún suponiendo que pudiese suceder un milagro y que
consiguiese noquear a los diez guardas aún tendríamos el
problema de cómo salir del avión. Me imaginé que tendrían
paracaídas a bordo, pero en el improbable caso de que
supiese usar uno, todavía queda una pequeña cuestión de
supervivencia, pues probablemente aterrizaríamos en algún
lugar de las Montañas Rocosas.
No, no conseguiríamos salir de este avión hasta que
aterrizase, en Backwoods Montana. Entonces, tendría que
pensar en algo, cualquier cosa que implicase saltarse la
vigilancia mágica de la Academia y diez veces el número de
guardas. Si. No hay problema.
Aunque Lissa estaba sentada en frente del hombre ruso, su
miedo volvía a zumbar en mí, golpeando en mi cabeza como
un martillo. Mi preocupación por ella aumentaba mi furia. No
podían llevarla de vuelta allí, no a ese lugar. Me pregunté si
Dimitri vacilaría si sintiese lo que yo sentía, si supiese lo que
yo sabía. Probablemente no. No le importaría.
Sea como sea, sus emociones se hicieron tan fuertes, que
durante un momento tuve la notable sensación de estar en su
lugar - en su piel. Esto sucedía varias veces, y sin ningún
aviso, ella me metía directamente en su cabeza. El fornido
cuerpo de Dimitri se sentaba junto a mí, y mi mano - su mano
- agarró una botella de agua. Él se inclinó hacia delante para
agarrar algo, revelando seis pequeños símbolos tatuados en
su cuello: marcas Molnija. Parecían dos dentados relámpagos
que se cruzan formando una "X". Una por cada Strigoi que
había asesinado. Por encima de ellas tenía una línea
serpenteante, más o menos como una serpiente, que lo
marcaba como un guardián. La marca del juramento.
Parpadeando, luché contra ella y regresé a mi propia mente
mientras hacia una mueca. Odiaba cuando eso ocurría. Sentir
las emociones de Lissa era una cosa, pero meterse en su
interior era algo que las dos despreciábamos. Ella lo veía
como una invasión a su intimidad, por lo que normalmente
no yo no solía contarle cuando esto sucedía. Ninguna
podíamos controlarlo. Era otro efecto de la conexión, una
conexión que ninguna de las dos entendíamos totalmente.
Existen leyendas acerca de los vínculos psicológicos entre los
Moroi y sus guardianes, pero ninguna de las historias
mencionaba algo así. Lidiábamos con él de la mejor manera
posible.
Cerca del final del vuelo, Dimitri vino a donde yo estaba
sentada y se intercambio el sitio con el guarda que estaba a mi
lado. Me giré, mirando por la ventana distraídamente.
Pasamos mucho tiempo en silencio. Finalmente, dijo,
"¿Realmente nos ibas atacar a todos?"
No le respondí.
"Hacer eso... protegerla de esa manera - fue muy valiente".
Hizo una pausa. "Estúpido, pero muy valiente. ¿Por qué lo
intentaste?
Lo miré, apartándome el pelo de la cara, así podría mirarlo a
los ojos de igual a igual. "Porque yo soy su guardiana." Me
giré de nuevo hacia la ventana.
Después de otro momento de silencio, se levantó y regresó a
la parte delantera del jet.
Cuando aterrizamos, Lissa y yo no teníamos otra opción que
dejar que los comandos nos llevasen a la Academia. Nuestro
coche se detuvo en la puerta y el conductor habló con los
guardias para cerciorarse de que no éramos Strigoi a punto de
hacer una matanza. Después de un minuto, nos dejaron pasar
por los pabellones hasta llegar a la Academia. Era alrededor
de la puesta del sol – el comienzo del día para los vampiros - y
el campus estaba envuelto en sombras.
Probablemente se vería igual, dispersa y gótica. Los Moroi
eran muy conservadores; y con ellos nunca se cambiaba nada.
Esta escuela no era tan antigua como la de Europa, pero había
sido construida siguiendo el mismo estilo. Edificios
ostentosamente elaborados, de forma similar a la
arquitectura de una iglesia, con altos picos y esculturas de
piedra. Puertas de hierro forjado cerraban los pequeños
jardines y las entradas de aquí y allá. Después de vivir en un
campus universitario, tuve una nueva apreciación de lo
mucho que este lugar se asemejaba más a universidad que a
una típica escuela secundaria.
Estábamos en la escuela secundaria, que se dividía en dos
institutos, medio y superior. Cada uno fue construido
alrededor de un patio abierto decorado con enormes caminos
de piedra y árboles centenarios. Íbamos por el patio del
instituto superior, en el cual había edificios académicos de un
lado, mientras que los dormitorios de los dhampirs y el
gimnasio estaban en el lado contrario. Los dormitorios de los
Moroi se encontraban en el otro extremo, y en frente estaba el
edificio administrativo, que también sirve a la escuela
inferior. Los estudiantes más jóvenes vivían en el campus
principal, más lejos hacia el oeste.
Alrededor de todo el campus había espacio, espacio, y más
espacio. Estábamos en Montana, después de todo, a
kilómetros de distancia de una verdadera ciudad. Sentía el
aire fresco en mis pulmones y olía como el pino y la humedad,
la caída de la hoja. Enormes bosques rodeaban todo el
perímetro de la Academia, y durante el día, se podían ver las
montañas que se elevan sobre el horizonte.
A medida que nos adentrábamos en la parte principal del
colegio superior, me deshice de mi guardián y corrí hacia
Dimitri.
"Oye, Camarada."
Siguió caminando y no me miró. "¿Ahora quieres hablar?"
"¿Nos estás llevando a Kirova?
"Directora Kirova", me corrigió. De su otro lado, Lissa me
echó una mirada que decía, no te metas en problemas.
"Directora lo que sea. Ella sigue siendo un vieja hipócrita – "
Mis palabras murieron cuando los guardianes nos guiaron a
través de una serie de puertas dobles – directamente a la zona
común. Suspiré. ¿Estas personas eran realmente tan crueles?
Debía de haber al menos una docena de formas de acceder a
la oficina de Kirova, y nos estaban llevando directamente por
el centro del área común.
Era la hora del desayuno.
Guardianes principiantes - dhampirs como yo - y Morois se
sentaban juntos, comiendo y haciendo vida social, sus rostros
resplandecían con cualquier chisme corriente que llamase la
atención de la Academia. Cuándo entramos, el fuerte
murmullo de las conversaciones se detuvo al instante, como si
alguien le hubiese dado a un interruptor. Cientos de ojos se
giraron hacia nosotros.
Volví la mirada hacia mis antiguos compañeros de clase con
una amarga sonrisa, tratando de ver si las cosas habían
cambiado. No, no lo parecía. Camille Conta todavía se veía
como una cursi, la perra perfectamente peinada que
recordaba y que seguía siendo la autoproclamada líder de la
real camarilla de Moroi de la Academia. Por otro lado, la
prima torpe de Lissa, Natalie, nos miraba con ojos
desorbitados, tan inocente e ingenua como antes.
Y en el otro lado del salón... bueno, esto era interesante.
Aarón. Pobre, el pobre Aarón, que sin duda tenía su corazón
roto desde que Lissa se había ido. Estaba tan guapo como
siempre - tal vez más – con aquella apariencia dorada que
complementaba tan bien con la de ella. Sus ojos siguieron
cada movimiento. Sí. Definitivamente, aún no lo había
superado. Era triste, de verdad, porque Lissa nunca le había
correspondido. Creo que ella había estado saliendo con el por
que era lo que parecía que tenía que hacer.
Pero lo que me pareció más interesante era que Aaron al
parecer, había encontrado una manera de pasar el tiempo al
no estar ella. A su lado, sosteniendo su mano, estaba una
chica Moroi que parecía tener unos once años, pero que tenía
que ser más mayor, a no ser que se hubiese convertido en un
pedófilo en nuestra ausencia. Con pequeñas y rollizas mejillas
y dorados tirabuzones parecía una muñeca de porcelana. Ella
le agarró fuertemente la mano y le lanzó una mirada a Lissa
tan llena de odio que me sorprendió. ¿Qué diablos fue eso?
Que yo supiese ella no era nadie. Sólo una novia celosa,
supuse. Aunque yo también me enfadaría si mi novio mirase a
otra de esa manera.
Nuestra pasarela de la vergüenza había terminado, a pesar de
que nuestro nuevo rumbo - la oficina de la Directora Kirova -
no mejoraba la situación. La vieja bruja estaba exactamente
de la misma manera que recordaba, nariz puntiaguda y el
pelo gris. Era alta y delgada, como la mayoría de los Moroi, y
siempre me recordaba a un buitre. La conocía muy bien
porque había pasado mucho tiempo en su oficina.
La mayor parte de nuestra escolta nos dejó una vez que Lissa
y yo nos sentamos, lo que hizo que me sintiese como una
prisionera. Sólo Alberta, la capitana de los guardianes de la
escuela, y Dimitri se quedaron. Tomaron posiciones a lo largo
de la pared, viéndose estoicos y aterradores, así como
requería su oficio.
Kirova nos miró fijamente con ojos furiosos y comenzó a abrir
su boca, a lo que no había ninguna duda, sería el mayor
sermón de todos los tiempos. Una profunda voz delicada la
interrumpió.
"Valisia".
Alarmada, me di cuenta de que había alguien más en la
habitación. No la había notado. Un error para un guardián,
incluso para uno novato.
Con un gran esfuerzo, Víctor Dashkov se levantó de una silla
en la esquina. Príncipe Victor Dashkov. Lissa se levantó de un
salto y se fue corriendo hacia él, rodeando su frágil cuerpo
con los brazos.
"Tío", susurró ella. Sonaba como si estuviera al borde de las
lágrimas, ya que reforzaba su abrazo.
Con una pequeña sonrisa, le acarició suavemente la espalda.
"No tienes idea de lo feliz que estoy al verte a salvo, Valisia".
Él me miró. "Y tú también, Rose."
Asentí en respuesta, tratando de ocultar lo conmovida que
estaba. Había estado enfermo cuando no fuimos, pero esto –
esto era horrible. Era el padre de Natalie, tenía alrededor de
los cuarenta y pocos, pero aparentaba el doble de edad.
Pálido. Débil. Con las manos temblando. Mi corazón se
rompió al verlo. Con todas las horribles personas que había
en el mundo no era justo que el padeciese una enfermedad
que lo mataría joven y, en última instancia, le impediría
convertirse en rey.
Aunque no era técnicamente su tío - los Moroi utilizan
términos familiares de forma muy imprecisa, especialmente
la realeza - Víctor era un amigo íntimo de la familia de Lissa y
había hecho todo lo posible para ayudarla después de la
muerte de sus padres. Me gustaba, era la primera persona que
me alegraba ver aquí.
Kirova dejó que tuviesen unos minutos más y entonces,
fríamente, acompañó a Lissa de vuelta a su lugar.
Hora del sermón.
Fue uno de los buenos - uno de los mejores de Kirova, lo que
ya decía algo. Era una maestra en eso. Juró que tenía que ser
la única razón para que ella fuese la directora de la
universidad porque aún no había visto otras pruebas de que a
ella realmente le gustasen los niños. El discurso abarcó los
temas habituales: la responsabilidad de comportamiento
temerario, egocentrismo... bla, bla, bla. Rápidamente me
encontré divagando, pensando en las probabilidades que
tenía de escapar por la ventana.
Pero cuando la charla se dirigió a mí - bien, volví a la realidad.
"Usted, Srta. Hathaway, rompió la más sagrada promesa de
los nuestros: la promesa de un guardián de proteger a un
Moroi. Es un gran acto de confianza. La confianza que usted
violó egoístamente al sacar a la princesa de aquí. Los Strigoi
amarían acabar con los Dragomir, y usted casi se la brinda en
bandeja".
"Rose no me secuestró". Dijo Lissa antes de que yo pudiera
hablar, su voz y su rostro estaban serenos, a pesar de sus
incómodos sentimientos. "Yo quería irme. No la culpe".
La Sra. Kirova nos chistó y anduvo por la oficina, con las
manos entrelazadas en su estrecha espalda.
"Srta. Dragomir, por lo que sé, usted puede haber sido la que
orquestó todo el plan, pero era responsabilidad de ella
asegurarse de que no lo harías. Si hubiese cumplido con su
deber, se lo hubiera dicho a alguien. Si hubiese cumplido con
su deber, te hubiese mantenido a salvo."
Perdí el control.
"Cumplí con mi deber!" Grité, levantándome de la silla.
Dimitri y Alberta, dudaron, pero me dejaron en paz, porque
no estaba tratando de golpear a nadie. Todavía.
"La mantuve a salvo! La he mantenido a salvo cuando
ninguno de ustedes - hice un amplio gesto alrededor de la sala
- podría hacerlo. La saqué de aquí para protegerla. Hice lo
que tenía que hacer. Ciertamente ustedes no lo harían."
Debido a nuestra conexión, podía sentir a Lissa enviándome
mensajes tranquilizadores, intentando que la rabia no se
apoderase de mí. Era demasiado tarde.
Kirova me enfrentó, su rostro inexpresivo. "Srta. Hathaway,
perdóname por no comprender la lógica de qué sacarla de un
ambiente protegido y mágicamente asegurado es protegerla.
A menos que haya algo que usted no me esté contado. "
Me mordí el labio.
"Ya veo. Bien. En mi opinión, el único motivo por el que te
has ido- más allá de la novedad que ese hecho envuelve, sin
duda - fue evitar las consecuencias de aquel horrible y
destructivo acto que hiciste antes de desaparecer. "
"No, eso no -"
"Y eso solo hace que mi decisión sea aún más fácil. Como
Moroi, la princesa debe continuar aquí en la Academia por su
propia seguridad, pero no tenemos ninguna obligación
contigo. Se te enviará fuera tan pronto como sea posible".
Mi audacia se agotó. "Yo... ¿qué? "
Lissa se puso a mi lado. "No puedes hacer eso! Ella es mi
guardiana".
"No lo es, sobre todo porque no es una guardiana. Todavía es
una principiante".
"Pero mis padres -"
"Sé lo que tus padres querían, Dios bendiga sus almas, pero
las cosas cambiaron. La Srta. Hathaway es prescindible. No
merece ser una guardiana, y se irá. "
Miré a Kirova, incapaz de creer lo que estaba escuchando. "¿A
dónde me va a mandar? ¿Con mi madre a Nepal? ¿Sabe, al
menos ella que he estado ausente? ¿O tal vez me va a enviar
con mi padre? "
Sus ojos se redujeron en respuesta a mi última palabra.
Cuando hablé nuevamente, mi voz estaba tan tranquila que
apenas me reconocí.
"O quizás usted está tratando de echarme para que sea una
prostituta de sangre. Inténtelo, y nos habremos ido antes de
que finalice el día. "
"Srta. Hathaway, " silbó," usted está actuando indebidamente.
"Ellas tienen un vínculo." La voz fuerte y acentuada de
Dimitri rompió la fuerte tensión y todos lo observamos. Creo
que Kirova había olvidado que el estaba allí, pero yo no.
Su presencia era muy poderosa para ser ignorada. Aún estaba
contra la pared, como un centinela cowboy con su ridículo y
largo abrigo. Me miró a mí, no a Lissa, sus oscuros ojos me
estaba mirando fijamente. "Rose sabe lo que Vasilia siente.
¿No? "
Al menos tuve la satisfacción de ver como Kirova era pillada
con la guardia baja, por que no dejaba de mirarnos a nosotras
y a Dimitri. "No... eso es imposible. Eso no ocurre desde hace
siglos. "
"Es obvio", dijo. "Lo sospeche tan pronto como las vi."
Ni Lissa ni yo respondimos y yo desvié mi mirada de la suya.
"Es una bendición", murmuró Victor desde su esquina. "Algo
excepcional y maravilloso."
"Los mejores guardianes siempre tuvieron ese vínculo", dijo
Dimitri. "En las historias."
La indignación de Kirova regresó. "Historias que tienen
varios siglos de antigüedad", exclamó. "Seguramente usted no
esta sugiriendo que la dejemos quedar en la Academia
después de todo lo que ha hecho"
Se encogió de hombros. "Puede ser salvaje e irrespetuosa,
pero si tiene potencial -"
"Salvaje e irrespetuosa?" le interrumpí. "De todos modos,
¿quién demonios eres tu? Ayuda subcontratada?
"El Guardián Belikov es el guardián de la princesa ahora",
dijo Kirova. "Su guardián autorizado."
"¿Contrató mano de obra barata extranjera para proteger a
Lissa?"
Estaba mal que yo dijese eso - en particular porque la mayoría
de los Moroi y sus guardas eran descendientes de los rusos o
rumanos -, pero el comentario en ese momento me pareció
mas ingenioso de lo que realmente fue. Y no era como si yo
pudiese hablar. Puedo haber nacido en América, pero mis
padres nacieron en el extranjero. Mi madre dhampir era
escocesa - pelirroja y con un acento ridículo - y me dijo que
mi padre Moroi era turco. Esa combinación genética me
habían dado una piel del mismo color que el interior de una
almendra, justo como me gustaba pensar, que eran las
características de una princesa semiexótica del desierto:
grandes ojos oscuros y el pelo de un color marrón tan oscuro
que normalmente parecía ser negro. No me habría importado
heredar el color de pelo rojo, pero me conformo con el que
tengo.
Kirova levantó sus manos mostrando su irritación y se dirigió
a él. "¿Lo ves? ¡Totalmente indisciplinada! Ni con todos los
vínculos y todo el potencial del mundo se podría compensar
esto. Un guardián indisciplinado es peor que no tener un
guardián".
"Pues entonces, enséñele disciplina. Las clases acaban de
comenzar. Regrésela y que comience su entrenamiento de
nuevo. "
"Imposible. Se quedará detrás de sus compañeros. "
"No, no lo haré", dije. Nadie me escuchó.
"Entonces tendrá que recibir sesiones extra", dijo.
Mientras continuaban, los demás mirábamos el intercambio
como si fuese una partida de Ping-Pong. Mi orgullo todavía
estaba herido acerca de la facilidad con la que Dimitri nos
había engañado, pero me repetí que el podría conseguir que
me quedase aquí con Lissa. Mejor quedarse en este horrible
lugar que irme sin ella. Debido a la conexión, sentí su hilo de
esperanza.
"¿Y quién va a pasar con ella ese tiempo extra?" exigió Kirova.
"¿Usted?"
El argumento de Dimitri hizo una parada repentina. "Bueno,
eso no era lo que yo -"
Kirova cruzó los brazos con satisfacción. "Sí. Eso es lo que
pensaba. "
Viendo que claramente estaba perdiendo, frunció las cejas.
Sus ojos pasaron rápidamente de Lissa a mí y me pregunté lo
que vio. ¿Dos chicas patéticas con grandes ojos suplicantes?
¿O dos prófugas que habían cruzado la fuerte seguridad de la
escuela y que habían gastado la mitad de la herencia de Lissa?
"Sí", dijo finalmente. "Puedo enseñar a Rose. Recibirá clases
extra además de las normales".
"¿Y luego qué?" Replicó Kirova furiosamente. "¿Se queda aquí
sin recibir un castigo?"
"Busque otra forma de castigarla", dijo Dimitri. "El número
de guardianes se ha reducido mucho para arriesgarnos a
perder otro mas. Sobre todo a una chica. "
Las palabras que no había dicho me hicieron temblar,
recordándome la declaración que yo había echo
anteriormente sobre “las putas de sangre". Pocas chicas
dhampir se han convertido en guardas.
De repente Victor habló desde su esquina. "Estoy de acuerdo
con el Guardián Belikov.
Echar a Rose sería vergonzoso, un desperdicio de talento. "
La Sra. Kirova miraba fijamente por la ventana. Estaba
completamente oscuro en el exterior. Con el programa
nocturno de la Academia, mañana y tarde era términos
relativos. Eso, y que habían pintado las ventanas para
bloquear el exceso de luz.
Cuando se giró, Lissa encontró sus ojos. "Por favor, Sra.
Kirova. Deje quedarse a Rose".
¡Oh!, Lissa, pensé. Ten cuidado. Usar la coacción con otro
Moroi era peligroso – sobre todo si había testigos. Pero Lissa,
solo estaba usando un poco, y necesitábamos toda la ayuda
que pudiésemos recibir. Afortunadamente, nadie parecía
notar lo que estaba sucediendo.
Ni siquiera sabía si la coacción estaba haciendo efecto, pero,
finalmente, Kirova asintió.
"Si la Sra. Hathaway se queda, estas son las condiciones. " Se
dirigió a mí. "Su matricula en la St. Vladimir está en periodo
de prueba. Sálgase una vez del camino, y estará fuera.
Asistirás a todas las clases y entrenamientos exigidos a los
principiantes de tu edad. También entrenarás con el
Guardián Belikov en cada momento que tengas - antes y
después de las clases. Además, tienes prohibido asistir a todos
los eventos sociales, excepto las comidas y te quedarás en tu
dormitorio. Si no cumples con alguna de estas cosas, se te
echará. "
Reí ásperamente. "¿Tengo prohibido participar en cualquier
evento social? ¿Está intentado mantenernos separadas?" Hice
un gesto con la cabeza señalando a Lissa. "¿Tiene miedo de
que nos fuguemos nuevamente?"
"Estoy tomando precauciones. Estoy segura de que recuerdas,
que nunca fuiste castigada por destruir las propiedades de la
escuela. Tienes mucho que compensar." Sus delgados labios
se apretaban formando una línea recta. "Se te está ofreciendo
una propuesta muy generosa. Sugiero que no dejes que tu
actitud ponga en peligro la misma".
Empecé a decir que no era nada generosa, pero entonces me
encontré con la mirada de Dimitri. Era difícil de leer. Podría
estar diciéndome que creía en mí. Podría estar diciéndome
que era una idiota por seguir luchando con Kirova. No lo
sabía.
Desviando su mirada por segunda vez en esta reunión, miré al
suelo, era consciente de la presencia de Lissa, que estaba mi
lado y de su propio coraje que me estaba quemando por la
conexión. Por último, suspiré y miré de nuevo a la directora.
"Muy bien. Acepto".
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Anna Ivashkov
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Ficha de personaje
Nombre: Aelizs Ivanov
Raza: Dhampir principiante
Año: 2do año

MensajeTema: Re: Lectura online   Sáb Dic 10, 2011 7:44 pm

Capítulo 3
Nos mandaron directos a nuestras aulas después de la
reunión, me pareció muy cruel, más fue lo que hizo Kirova.
Lisa fue conducida lejos, y yo la atendí antes de ir, satisfecha
con que se me permitiese leer su temperatura emocional.
La verdad, primero me llevaron con un orientador. El era un
anciano Moroi, me acordaba de él, de cuando había estado
aquí. Sinceramente pensaba que ya no estaría en la escuela.
Era tan viejo, tenía que haberse jubilado. O muerto.
La visita duró unos cinco minutos. No me habló de mi regreso
tan solo me hizo algunas preguntas sobre mis clases en
Chicago y Pórtland. Las comparó con las de mi viejo registro y
me entregó un nuevo horario.
Lo pegué con tristeza y me dirigí a mi primera clase.
Horario:
1º Técnicas de combate avanzado para guardianes.
2º Teoría de guarda-costas y protector personal 3
3º Musculatura y condición física.
4º Artes lingüísticas de 3º año (aprendices)
-Comida-
5º Comportamiento y fisiología animales
6º Pre-cálculo
7º Cultura Moroi 4
8º Artes eslavas

Agh. Había olvidado como de largos eran los días en la
Academia. Aprendices y Morois tenían aulas separadas el la
primera mitad del día, lo que significaba que no vería a
Lissaaté hasta después de la comida- si tuviéramos alguna
clase juntas por la tarde.
La mayoría de las clases eran de 3º , entonces sentí que mis
posibilidades eran buenas.
Artes Eslavas me impresionó por que era una de esas
opciones a las que nadie se apuntaba y después iba todo el
mundo.
Dimitri y Alberta me escoltaron hasta el gimnasio donde tenía
mi primera clase, ninguno de los dos parecieron reconocer mi
existencia. Andando detrás de ellos vi que ella tenía el pelo
corto y en su nuca la marca de la promesa y las marcas
molnija. Ahora no me importaba mucho por que mi nuca no
tenía tatuajes, mas yo nunca me cortaría el pelo.
Ella y Dimitri andaron de lado a lado casi como si fuera un
día normal. Cuando llegamos las reacciones de mis colegas
me indicaron que no era nada de eso. Todas las miradas
estaban puestas en mí. No sabría decir si me sentía como una
estrella de rock o como una aberración del circo.
Ok, entonces si yo me iba a quedar por un tiempo no podía
actuar como si les tuviese miedo. Antes, Lissa y yo teníamos
el respeto de esta escuela, y ya era hora de que les recordara
esto. Busqué algún rostro familiar, la mayoría eran chicos.
Uno de ellos atrajo mi atención y casi se me escapa una risilla.
-Hey Mason, enjuágate la baba de la cara. Si vas a
imaginarme desnuda, hazlo en el lugar apropiado-
Algunas risillas quebraron el temeroso silencio, e Mason
Ashford despertó de su atontamiento y me dirigió una sonrisa
torva. Con aquel pelo rojo arrogante escapándose
desordenadamente, él era bonito, mas no superguapo. Él era
una de las personas más divertidas que conocía.
Él y yo éramos buenos amigos antiguamente.
-Este es mi turno, Hathaway. Yo estoy conduciendo la lección
de hoy-
.-Oh, si?-repliqué- Hum. Bien, yo pienso que este es el
momento de pensar en mi desnuda, entonces-
-Siempre es buen momento para imaginarte desnuda- dijo
una voz. Eddie Castile. También era uno de mis antiguos
amigos.
Dimitri balanceó la cabeza y dijo algo en ruso que no sonaba
muy gentil. Bien, en cuanto a mí, ya me había convertido en
un aprendiz de nuevo. Este grupo era uno relajado, menos
preocupado en el linaje y en la política que la mayoría de los
Moroi.
Rápidamente estaba rodeada por los chicos y chicas que me
preguntaban que había estado haciendo durante este tiempo.
Un guardián mayor le llamó la atención a Mason y este gritó
la orden de empezar a hacer unos ejercicios.
-Bueno, haber que sabes hacer- me dijo.
Una hora después tenía su respuesta.
-No has estado practicando, no?
-Own- gemí incapaz de proferir otra palabra.
Él me tendió una mano y me ayudó a levantarme del tapiz en
el que me había derrumbado unas quince veces.
-Te odio- le dije mientras me frotaba la rodilla.
-Pero me odiarías más si me contuviese, no?- respondió con
una sonrrisa.
-Sí, eso es verdad- concedí.
-En verdad lo hiciste bien.
-Lo que?- dije incrédula.
-Bien, pasaste dos años sin entrenar, eso es mucho es lógico
que estés así. Míralo por el lado bueno, por lo menos puedes
andar.- dijo con una sonrisa malvada.
-Mencioné ya que te odio?
Él me dio otra sonrisa- No te enfades… Tu eres una
luchadora, pero no tienes posibilidad de hacer los exámenes
de primavera..
-Ellos me pusieron clases extra, voy a estar preparada.
-Quien te va a dar las clases extra?
-Dimitri.
Mason paró de andar y me miró-Fuiste asignada a Daí para
que te diese clases extras?
-Sí, y lo de Daí.
-Daí por que es un dios.
-Exagerando mucho?
-No, el es un Dios, normalmente él es bastante antisocial,
pero en la lucha wow…Si piensas que ahora estás mal cuando
él acabe contigo vas a estar muerta.
Bien, una cosa más de que preocuparme.
Yo me fui para mi siguiente aula, era la clase de técnicas
teóricas para los guardianes de 3º. Esperaba que estar en el
mundo real protegiendo a Lissa me diera alguna ventaja.
Cuando entré en el aula me senté y descubrí a Dimitri en el
fondo de la clase.
-Pero que tenemos aquí, que privilegio tenerla aquí
Hathaway- dijo el profesor Stan, era un sujeto imponente.
-Bueno si tiene la amabilidad me va a ayudar a dar la clasedijo-
Veamos, debo suponer que usted utilizaba alguna
técnica para proteger a Lissa, no?
-Mm... técnicas?
-Sí, cosas como dormir por el día para vigilar por la noche,
esas cosas ya las dimos, pero espere usted no estaba aquí,
como iba a saberlo?, Me está diciendo que se escapó con la
realeza y que no tomó usted ninguna medida de protección?
De nuevo el mismo discurso que Kirova, salvo que, con más
testigos.
"Nunca nos encontramos con un Strigoi", contesté
rígidamente.
"Obviamente", dijo con una sonrisa. "Me di cuenta de eso al
ver que sigues viva".
Quería gritarle que tal vez podría haber derrotado a algún
Strigoi, pero después de haber recibido una paliza en la clase
anterior, tuve ahora la sospecha de que no podría sobrevivir a
un ataque de Mason, y mucho menos al ataque de un Strigoi
de verdad.
Como no dije nada, Stan comenzó a caminar por delante de la
clase.
"Entonces, ¿qué hiciste? ¿Cómo te aseguraste de que
permaneciese segura? ¿Evitaban salir de noche? "
"A veces". Eso era cierto - especialmente los primeros día
después de huir. Nos relajamos un poco después de unos
meses sin ningún ataque.
"A veces", dijo alzando la voz, haciendo que mi respuesta
sonase totalmente ridícula. "Bueno, supongo que dormías de
día y hacías guardia por la noche. "
"Err... no ".
"¿No? Pero esta es una de las primeras cosas que se menciona
en el capítulo sobre la vigilancia en solitario. ¡Oh, espera, no
sabías eso por que no estabas aquí".
Me tragué mis palabras. "Vigilaba el área siempre que
salíamos", le dije, necesitando defenderme.
"Oh? Eso ya es algo. ¿Que utilizó, El Método de Vigilancia de
Cuadrante de Carnegie o la Revisión Rotatoria?
No dije nada.
"Ah. Creo que usaste el método Hathaway, Vistazo-
Alrededor-Cuando-Me-Acuerde. "
"¡No!" Exclamé irritada. "Eso no es cierto. La vigilé. Está viva,
¿verdad?
Caminó de vuelta a mí y se inclinó. "Por que tuvisteis suerte".
"Los Strigoi no están a la espera en cada esquina," le contesté
"No es como lo que hemos aprendido. Es más seguro de lo
que lo hacen ver".
"¿Seguro? ¿Seguro? Estamos en guerra con los Strigoi! ",
Gritó. Pude oler en su aliento el café de tan cerca que estaba.
"Uno podría acercarse a ti y romper tu precioso cuello,
incluso antes de que lo vieras - y ni tan siquiera tendrá que
sudar para hacerlo. Puedes ser más rápida y fuerte que un
Moroi o un humano, pero no eres nada, nada en comparación
con un Strigoi. Ellos son peligrosos y mortíferos. ¿Y sabes lo
que los hace tan fuertes? "
De ninguna manera iba a dejar que este imbécil me hiciese
llorar. Aparté mi mirada de él, intentado enfocar mi mirada
en cualquier otra cosa. Mis ojos se encontraron con Dimitri y
los demás guardianes. Con los rostros impasibles, asistían a
mi humillación.
"Sangre Moroi", susurré.
"¿Qué fue eso?" Stan pidió más alto. "No te he escuchado".
Me giré para encararlo. "La sangre Moroi! La sangre Moroi
los hace más fuertes."
Asintió con satisfacción y dio algunos pasos atrás. "Sí. Eso es.
Se hacen más fuertes y más difíciles de destruir. Matan y
beben de los seres humanos o dhampirs, pero quieren sangre
Moroi por encima del resto. Es lo que buscan. Acudieron al
lado oscuro para obtener la inmortalidad, y harán cualquier
cosa para mantener esa inmortalidad. Strigoi desesperados ya
atacaron a Morois en público. Grupos de Strigoi ya han
invadido Academias como esta. Existen Strigoi que han vivido
durante varios siglos y se han alimentado de varias
generaciones de Morois. Es casi imposible matarlos. Son la
causa de la disminución de los Moroi. No son lo
suficientemente fuertes - incluso con guardianes - para
protegerse. Algunos Moroi no ven sentido ninguno en huir y
simplemente se entregan a los Strigoi. Y cuantos más Moroi
desaparecen... "
"...mas dhampirs desaparecen", terminé.
"Bien", dijo, lamiendo la saliva que tenía en los labios.
"Parece que has aprendido algo después de todo. Ahora
tenemos que ver si puedes aprender lo suficiente como para
aprobar esta materia y clasificarte para la parte práctica del
semestre que viene."
Ouch. Me pasé el resto de la horrible clase - por suerte, en mi
lugar – repasando aquellas últimas palabras en mi mente. La
parte práctica del tercer año era la mejor parte del
entrenamiento de un aprendiz. No teníamos clase la mitad del
semestre. En lugar de ello, cada uno era asignado a un
estudiante Moroi a quien debería proteger y seguir por ahí.
Los Guardianes adultos nos vigilarían y nos pondrían
pruebas, como ataques sorpresa y otras amenazas. Como
aprendiz la parte práctica era casi tan importante como todas
las clases juntas. Su resultado influiría en la designación del
Moroi al que protegeríamos después de la graduación.
¿Y yo qué? Solo había una Moroi a la que quería proteger.
Dos clases más tarde, finalmente obtuve mi descanso del
desayuno. Mientras salía disparada por el campus hacía la
zona común, Dimitri empezó a caminar junto a mí, no parecía
especialmente divino - a menos que contases su belleza
sobrehumana.
"Supongo que has visto lo que sucedió en la clase de Stan?" Le
pregunté, sin preocuparme por los títulos.
"Sí"
"¿Y no piensas que fue injusto?"
"¿Tenía razón? ¿Crees que está plenamente preparada para
proteger a Valisia? "
Miré el suelo. "La mantuve viva", murmuré.
"¿De la misma forma en que luchaste con tus compañeros
hoy?"
Era una mala pregunta. No le respondí y sabía que no era
necesario. Había tenido otra clase de entrenamiento después
de la de Stan, y sin duda Dimitri había visto como me daban
otra paliza.
"Si no puedes luchar contra ellos -"
"Sí, sí, lo sé", le corte.
Redujo su larga marcha para ajustarse a mi lento caminar.
"Eres fuerte y rápida por naturaleza. Sólo tienes que
permanecer entrenada. ¿No practicaste algún tipo de deporte
mientras estabas fuera? "
"Claro," Me encogí de hombros. "De vez en cuando".
"¿Formaste parte de algún equipo?"
"Demasiado trabajo. Si quisiese practicar tanto me hubiese
quedado aquí".
Me dio una mirada enojada. "Nunca serás capaz de proteger a
la princesa si no perfeccionas tus habilidades. Siempre te
quedarás atrás".
"Voy a ser capaz de protegerla", dije ferozmente.
"No tienes ninguna garantía de que seas asignada a ella, ya lo
sabes – en las practicas o después de la graduación." La voz
de Dimitri era baja y sin remordimientos. No le habían
asignado un mentor agradable y amistoso. "Nadie quiere
romper la conexión - pero tampoco le asignarán un guardián
inadecuado. Si quieres quedarte con ella, entonces tendrás
que esforzarte. Tienes las clases y me tienes a mí. Quieras o
no. Eres la elección ideal para proteger a la Valisia cuando las
dos se gradúen – si consigues demostrar que eres digna.
Espero que lo consigas. "
"Lissa, se llama Lissa" Lo corregí. Ella odiaba su nombre
completo, y prefería su nombre americanizado.
Cuando él se fue, de repente, ya no me sentí con tan mal
humor.
Había perdido mucho tiempo desde que salí de clase. Casi
todos los demás ya estaban en la zona común para el
almuerzo, deseosos de aprovechar al máximo su tiempo
social. Yo misma casi estaba apunto de volver allí cuando una
voz por detrás de una puerta entreabierta me llamó.
"¿Rose?”
Mirando en la dirección de la voz, vi a Víctor Dashkov, su
amigable rostro sonriéndome al mismo tiempo que apoyaba
en un bastón cerca de la pared del edificio. Sus dos
guardianes estaban cerca, pero a una distancia cortés.
"Sr. Dash-er, Su Alteza. Hola".
Me corregí a tiempo, casi había olvidado los términos de la
realeza Moroi. No los había usado cuando habíamos vivido
con los humanos. Los Moroi escogen a su rey de entre las
doce familias reales. El primogénito de la familia obtenía el
título de "príncipe" o "princesa". Lissa ganó ese título porque
era la única que quedaba viva de su linaje.
"¿Cómo fue tu primer día?", Preguntó.
"Aún no ha acabado," Traté de pensar en algo para hablar.
"¿Se va a quedar unos días de visita?"
"Me iré esta tarde después de haber pasado a saludar a
Natalie. Cuando me enteré de que la Valisia – y tú - habíais
regresado, simplemente quise venir a verlas. "
Hice un gesto con la cabeza, sin saber qué decir. Él era más
amigo de mi Lissa que mío.
"Quería decirte..." Dijo de forma vacilante. "Entiendo la
gravedad de lo que hiciste, pero creo que la Directora Kirova
falló al no reconocer una cosa. Mantuviste a Valisia a salvo
todo ese tiempo. Eso es impresionante. "
"Bueno, no es como si me hubiese enfrentado a los Strigoi o
algo", le dije.
"¿Pero te enfrentaste a alguna cosa?"
"Claro. Una vez la Academia mandó psi-Hounds".
"Extraordinario".
"No realmente. Evitarlas fue muy fácil".
Se rió. "Cacé con ellas alguna vez. No son tan fáciles de
engañar, no con su fuerza e inteligencia." Eso es cierto. Las
Psi-Hounds eran una de las muchas especies de criaturas
mágicas que vagaban por el mundo, criaturas que los seres
humanos no sabían que existían. Los Hounds viajaban en
manadas y compartían una especia de comunicación psíquica
que los hacían totalmente mortales para sus presas -, también
lo hacia el hecho de que ellos se parecían a lobos mutantes.
"¿Te enfrentaste a alguna otra cosa?"
Me encogí de hombros. "Pequeñas cosas."
"Extraordinario", repitió.
"Suerte, supongo. Parece que estoy bastante atrasada en todo
esto de ser guardián." Acababa de sonar igual que Stan.
"Eres una chica inteligente. Te pondrás al día. Y también
tienes esa conexión".
Desvié la mirada. Mi capacidad de "sentir" a Lissa había sido
un secreto durante tanto tiempo, que era extraño que otras
personas lo supiesen.
"La historia está llena de relatos de guardianes que podían
sentir cuando sus cargos estaban en peligro." Continuó
Víctor.
"Desarrollé el hobby de estudiar eso y algunas de las
costumbres antiguas. He escuchado que se trata de una
enorme ventaja."
"Creo que sí." Me encogí de hombros. Vaya hobby más
aburrido pensé, imaginándomelo leyendo atentamente
historias pre-históricas en una biblioteca húmeda llena de
telarañas.
Víctor inclinó la cabeza, su rostro lleno de curiosidad. Kirova,
y los otros habían tenido esa misma expresión cuando
mencionamos nuestra conexión, como si fuésemos ratas de
laboratorio. "¿Cómo es- si no te incomoda mi pregunta?"
"Es... No lo sé. Es como un zumbido que me dice siempre
como se siente. Por lo general, sólo son emociones. No
podemos enviarnos mensajes o algo así." No le conté que a
veces me deslizaba en su mente. Esta parte era incluso más
difícil de comprender, incluso para mí.
"¿Pero no funciona en forma inversa? ¿Ella no puedo
sentirte? "
Negué con la cabeza.
Su rostro se iluminó maravillado. "¿Cómo sucedió?"
"No sé", le dije, desviando aún la mirada. "Simplemente se
que comenzó hace dos años".
Frunció el ceño. "¿Cerca del momento del accidente?"
Vacilante, asentí. El accidente era un tema que no quería
tocar. Los recuerdos de Lissa ya eran lo suficientemente
malos sin tener que sacar a relucir los míos. Metal retorcido.
Una sensación de calor, después de frío, luego caliente de
nuevo. Lissa gritándome, gritando para que me despertase,
gritando para que sus padres y su hermano se despertasen.
Ninguno lo hicieron, sólo yo.
Y los médicos dijeron que era un milagro en sí mismo.
Aparentemente, al ver mi malestar, Víctor dejó el tema y
volvió a su entusiasmo inicial.
"Aún no puede creerlo. Hace tanto tiempo que eso no ha
pasado. Si ocurriese más a menudo... piensa sólo en lo que
eso podría hacer en la seguridad de los Moroi. Si, al menos,
otros pueden experimentarlo también. Tengo que hacer más
investigación y ver si a otros les sucede lo mismo. "
"Si." Estaba impaciente, no importaba cuánto me gustase.
Natalie hablaba mucho, y estaba bien claro de quien había
heredado esa cualidad. El tiempo del desayuno se estaba
acabando, y aunque los aprendices y los Moroi compartían las
clases de la tarde, Lissa y yo no tendríamos mucho tiempo
para hablar.
"Tal vez podríamos-" Empezó a toser, un gran ataque lo
dominó haciendo que todo su cuerpo temblase. Su
enfermedad, el Síndrome de Sandovsky, atacaba sus
pulmones mientras arrastraba el cuerpo hasta la muerte. Le
lancé una mirada ansiosa a sus guardianes, y un dio un paso
adelante. "Su Alteza", dijo amablemente, "usted debe entrar.
Hace mucho frío aquí".
Víctor asintió. "Sí, sí. Y estoy seguro de que Rose quiere
comer". Se dirigió a mí. "Gracias por hablar conmigo. No
puedo dejar de subrayar lo mucho que significa para mí que
Valisia esté a salvo - y tú ayudaste con eso. Le prometí a su
padre que cuidaría de ella si algo le sucediese, y sin embargo
me sentí como un completo fracasado cuando se fueron. "
Sentí como si mi estomago se contrajese cuando me lo
imaginé sumido por la culpa y la preocupación cuando
desaparecimos. Hasta ahora, nunca había pensado en como
se habían sentido los demás cuando nos marchamos.
Nos despedimos, y finalmente llegué a la escuela. Cuando
entré, sentí como la ansiedad de Lissa aumentaba. Ignorando
el dolor en mis piernas, apresuré mis pasos hasta la zona
común.
Y casi tropiezo en ella.
Pero ella no me había visto. Ni las personas que estaban a su
alrededor: Aarón y aquella muñequita. Me detuve y escuché,
captando sólo el final de la conversación. La chica estaba
inclinada hacia Lissa, que se veía más sorprendida que
cualquier otra cosa.
"A mí me parece como algo que provenía de una venta de
objetos usados. Pensé que una Dragomir tendría cierto nivel."
Remarcó con desbordante burla la palabra Dragomir.
Agarrando a la niña muñeca por el hombro, la empujé
alejándola. Ella era tan ligera, que salió disparada un metro y
casi se cayó.
"Ella tiene nivel", le dije, "y esa es la razón por la que ya has
terminado de hablar con ell
a."
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Anna Ivashkov
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Ficha de personaje
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MensajeTema: Capítulo 4   Sáb Dic 10, 2011 8:00 pm

Capítulo 4

Esta vez gracias a Dios, nadie nos prestó atención, pero
algunas personas que pasaban caminando se detuvieron a
mirar.
"¿Qué diablos crees que estás haciendo?" Preguntó la Chica
Muñeca, sus grandes ojos azules estaban brillando con furia.
Ahora, al tenerla cerca, tuve una mejor visión de ella. Tenía la
misma tez magra de la mayoría de los Moroi, pero no su
altura normal, que era parte del motivo de que pareciese tan
joven. El pequeño vestido púrpura que llevaba era hermoso –
lo que me recordaba que yo estaba vestida con ropas de
segunda mano - pero una inspección más atenta me hizo
pensar que era una falsa imitación de algún diseñador.
Crucé mis brazos. "¿Estás perdida, niña? La escuela primaria
está en el lado oeste del campus".
Un rubor de color rosa le coloreó las mejillas. "Nunca más me
vuelvas a tocar. Si me jodes a mí, yo te haré lo mismo."
¡Oh hombre, qué oportuna era. El oportuno movimiento de
cabeza de Lissa me impidió soltarle unos cuantos
comentarios. En cambio, opté por la simple fuerza bruta, por
así decirlo.
"Y si tu te vuelves a meter con nosotras, te romperé en dos. Si
no lo crees, pregúntele a Dawn Yarrow que le hice a su brazo
en octavo grado. Probablemente tú deberías estar tomando la
siesta* cuando sucedió. "
* En el jardín de la infancia en los Estados Unidos "la siesta",
es después del almuerzo, cuando les dan de comer a los bebes.
El incidente con Dawn no fue uno de mis mejores momentos.
La verdad es que no esperaba romperle ningún hueso cuando
la empuje contra el árbol. Sin embargo, el incidente me había
dado una mala reputación, además de la de sabelotodo. La
historia había adquirido un estatus legendario, y me gustaba
imaginar que todavía se contaba alrededor de las fogatas al
anochecer. A juzgar por la mirada en el rostro de la
muchacha, así seguía siendo.
Un miembro de la patrulla dio una vuelta justo en ese
momento, lanzándonos una mirada de sospecha a nuestra
reunioncilla. La Chica Muñeca se alejó, agarrando a Aaron
por el brazo. "Ven", le había dicho.
"Hey, Aaron", le dije alegremente, recordando que él estaba
allí. "Fue bueno verte de nuevo. "
Me saludó rápidamente y me dio una sonrisa incómoda,
mientras que la niña lo arrastraba alejándolo. El viejo y bueno
de Aaron. Podía ser agradable y guapo, pero no era agresivo.
Me giré hacia Lissa. "¿Estás bien?" Asintió con la cabeza.
"¿Alguna idea de quién es la persona que acabo de
amenazar?"
"Ninguna." Comencé a conducirla a la cola para el almuerzo,
pero ella negó con la cabeza. "Tengo que ir a ver los
alimentadores".
Una sensación graciosa me atravesó. Me había acostumbrado
a ser su fuente principal de sangre y volver a la rutina normal
de los Moroi parecía extraño.
De hecho, casi me molestó. No debería. Las alimentaciones
era parte de la vida cotidiana de un Moroi, una cosa que no
pude ofrecerle cuando nos marchamos de allí. Había sido una
situación incómoda, una que a mí me dejaba débil en los días
de alimentación y a ella en los días entre ellos. Debía de estar
feliz por que ella volviese a la normalidad.
Forcé una sonrisa. "Claro."
Caminamos a la habitación de los alimentadores, que estaba
al lado de la cafetería. Estaba hecha de pequeños cubículos,
que separaba el lugar en un intento de proporcionar
privacidad. Una mujer Moroi de cabellos oscuros nos recibió
en la entrada y miró detenidamente en su portafolio, pasando
las páginas. Cuando encontró lo que buscaba, hizo algunas
anotaciones y luego hizo un gesto para que Lissa la
acompañara. Me dio una mirada confusa, pero no me impidió
la entrada.
Nos guió a uno de los cubículos donde una mujer regordeta
de mediana edad estaba sentada ojeando una revista. Levantó
la vista al sentir nuestra presencia y sonrió. En sus ojos, pude
ver la mirada soñadora y vidriosa que la mayoría de los
alimentadores tenía.
Probablemente ya casi había alcanzado su cuota del día, a
juzgar por el subidón que tenía.
Al reconocer a Lissa, amplió su sonrisa. "Bienvenida de
nuevo, princesa".
La recepcionista nos dejó, y Lissa se sentó en la silla junto a la
mujer. Sentí un sentimiento de malestar en ella, un poco
diferente al mió. Después de tanto tiempo también era
extraño para ella. La alimentadora, sin embargo, no tenía esas
reservas.
Una mirada hambrienta cruzó su rostro - como un drogadicto
que estaba a punto de recibir una nueva dosis.
Un sentimiento de horror cayó sobre mí. Era un viejo
instinto, uno que había sido trabajado a través de los años.
Los alimentadores son esenciales para la vida de los Moroi.
Eran seres humanos que voluntariamente se habían
propuesto ser una fuente regular de sangre, humanos que
estaban al margen de la sociedad que dan su vida al mundo
secreto de los Moroi. Ellos estaban bien cuidados y tenían
todas las comodidades que pudiesen necesitar. Pero en
esencia, eran como drogadictos, adictos a la saliva de los
Moroi y a la adrenalina que sentían en cada mordida. Los
Moroi - y los guardianes - despreciaban esta dependencia, a
pesar de que los Moroi no sobrevivirían sin ella, a menos que
los obligasen por la fuerza. La hipocresía en su nivel más alto.
La alimentadora inclinó su cabeza, dando a Lissa total acceso
a su cuello. Su piel estaba marcada por cicatrices de años de
mordidas diarias. Las infrecuentes alimentaciones que Lissa y
yo habíamos hecho mantuvieron mi cuello limpio; las marcas
de las mordidas no duraban más de un día o dos.
Lissa se inclinó ligeramente hacia adelante, los colmillos
mordiendo la dócil piel de la alimentadora. La mujer cerró los
ojos, haciendo un suave sonido de placer. Tragué
fuertemente, observando a Lissa beber. No vi sangre, pero
podía imaginármela. Una oleada de emociones surgió en mi
pecho: Deseo. Celos. Desvié mi mirada, mirando firmemente
el suelo. Mentalmente me regañé.
¿Cuál es tú problema? ¿Por qué lo estás echando de menos?
Solo lo hacías una vez al día. No eres una adicta, no eres como
ella. Y no lo quieres ser.
Pero no podía evitarlo, no podía evitar el modo en como me
sentía al recordar la felicidad y la adrenalina de la mordida de
un vampiro.
Lissa terminó y regresamos a la zona común, yendo hacia cola
de la comida. Era pequeña, pues solo nos quedaban quince
minutos, me adelanté y comencé a llenar mi plato con patatas
fritas y algunos bocaditos de algo que parecían alitas de pollo.
Lissa sólo cogió un yogur. Los Moroi necesitaban alimentos,
como los dhampirs y los humanos, pero rara vez tenían
apetito después de beber sangre.
"Entonces, ¿cómo te fueron las clases?", Le pregunté.
Se encogió de hombros. Su rostro estaba brillante, lleno de
color y vida. "Muy bien. Llenas de miradas. Muchas miradas.
Muchas preguntas acerca de dónde estuvimos. Susurros. "
"A mi me pasó lo mismo", dije. El asistente nos comprobó, y
anduvimos hacia las mesas. Le eché a Lissa una mirada de
reojo. "¿Esta todo bien? ¿No te están molestando?, ¿no? "
"No - todo está bien". Las emociones que sentía a través de
nuestra conexión contradecían sus palabras.
Sabiendo que podía sentirlo, cambió de tema dándome su
horario de clase. Lo leí en voz alta.
1º_Ruso 2
2º_ Literatura Colonial Americana
3º_Principios Elementales de Control
4º_Poesía Antigua
- Almuerzo -
5º_Comportamiento y Fisiología Animal
6º_ Cálculo Avanzado
7º_Cultura Moroi 4
8º_Artes Eslavas
"Chapona", le dije. "Si fueras tan mala como yo en
matemáticas, por la tarde tendríamos el mismo horario. "dejé
de caminar. "¿Porque estas en principios elementales? Es una
clase de primer año. "
Me miró. "Debido a que los veteranos tienen clases
especializadas".
Guardamos silencio. Todos los Moroi controlaban la magia
elemental. Era una de las cosas en que los vampiros vivos, los
Moroi se diferenciaban de los Strigoi, los vampiros muertos.
Los Moroi veían la magia como un don. Era parte de sus
almas y los conectaba con el mundo.
Mucho tiempo atrás, utilizaban la magia abiertamente
evitando desastres naturales y ayudando con cosas como con
la producción de alimentos y de agua. Ya no necesitaban
hacerlo, pero la magia todavía estaba en su sangre. Los
consumé y hace que ellos quieran ponerse en contacto con el
mundo y que manejen su poder. Academias como esta existen
para ayudar a los Moroi a controlar la magia y para que
aprendan a hacer cosas más complejas con ella.
Los estudiantes también tenían que aprender las reglas en
torno a la magia, normas que fueron hechas hace siglos y que
se hacían cumplir muy estrictamente.
Cada Moroi tenía una pequeña habilidad con un elemento.
Cuando ellos tenían nuestra edad, los estudiantes se
"especializaban" cuando un elemento se hacia mas fuerte en
ellos que los otros: tierra, agua, fuego o aire. No especializarse
era como ser un adolescente, sin pasar por la pubertad.
Y Lissa... bueno, Lissa todavía no se había especializado.
"¿Sigue la Sra. Carmack enseñando eso? ¿Qué dijo? "
"Dijo que no me preocupase. Todavía piensa que vendrá".
"Tú – le contaste sobre -"
Lissa negó con la cabeza. "No. Por supuesto que no. "
Dejamos el asunto. Era uno del cual pensábamos a menudo,
pero del que rara vez hablábamos.
Empezamos a caminar de nuevo, buscando una mesa para
sentarnos.
Algunos pares de ojos nos miraban con evidente curiosidad.
"¡Lissa!" Dijo una voz muy cerca. Mirando de reojo, vimos a
Natalie saludándonos. Lissa y yo intercambiamos miradas.
Natalie era una especie de prima de Lissa de la misma
manera que Víctor era una especie de tío, pero nunca
andábamos mucho con ella.
Lissa se encogió de hombros y se fue en su dirección. "¿Por
qué no?"
La seguí a regañadientes. Natalie era agradable, pero también
era de las personas más aburridas que había conocido. La
mayoría de la realeza de la academia disfrutaba de una
especia de estatus de celebridad, pero Natalie, nunca había
querido encajar con esa multitud. Ella era muy simple, muy
desinteresada en la política de la Academia, y demasiado
negada como para hacerles frente.
Los amigos de Natalie nos miraban con una curiosidad
tranquila, pero ella no se controló. Arrojó sus brazos
alrededor nuestra. Como Lissa tenía los ojos verde jade pero
sus cabellos eran de un negro azabache, como habían sido los
de Víctor antes de que la enfermedad los convirtiese en grises.
"¡Estás de vuelta! ¡Sabía que regresarías! Todo el mundo
decía que te habías ido para siempre, pero nunca lo creí.
Sabía que no podrías mantenerse alejada. ¿Por qué te fuiste?
Hay tantas historias acerca de por qué te marchaste! "Lissa y
yo intercambiamos miradas mientras Natalie parloteaba.
"Camille dijo que una de vosotras estaba embarazada y que
habíais huido para abortar, pero yo sabía que no podía ser
verdad. Alguien dijo que habíais huido para reuniros con la
madre de Rose, pero pensé que la Sra. Kirova y Papá no
estarían tan intranquilos si estuvierais allí. ¿Sabías que
seremos compañeras de cuarto? Estuve hablando con... "
Ella continuó hablando, mostrando sus colmillos mientras
hablaba. Yo sonreía educadamente, dejando a Lissa hacer
frente a la ofensiva hasta que Natalie hizo una pregunta
peligrosa.
"¿Cómo conseguías sangre, Lissa?"
Toda le mesa se quedó mirando el congelamiento de Lissa,
pero yo inmediatamente entre en la conversación, la mentira
surgiendo rápidamente en mis labios.
"Oh, eso fue fácil. Hay muchos humanos que quieren hacer
eso. "
"¿En serio?" Preguntó uno de los amigos de Natalie, con los
ojos muy abiertos.
"Sip. Los encuentras en fiestas y cosas de ese tipo. Todos ellos
están buscando una dosis de algo, y no se dan cuenta de que
es un vampiro lo que está haciendo esto: la mayoría están tan
perdidos que no recuerdan nada." Se me acabaron los detalles
vagos, así que simplemente me encogí de hombros de la
mejor manera confiada que pude. "Como dije, es fácil. Casi
más fácil que conseguir nuestros propios alimentadores".
Natalie aceptó eso y entonces se lanzó a otro tema. Lissa me
lanzó una mirada de agradecimiento.
Ignorando la conversación de nuevo, observé las caras
conocidas, tratando de entender quién andaba con quién y
cómo el poder se había transferido dentro de la academia.
Mason, sentado con un grupo de aprendices, captó mi mirada
y me sonrió. Cerca de él, estaba sentado un grupo de la
realeza Moroi, riéndose de algo. Aarón y la chica rubia
también estaban allí sentados.
"Oye, Natalie," le dije, girándome y cortando la conversación.
Pareció no percibirlo o no le importó.
"¿Quién es la nueva novia de Aarón?"
"¿Eh? Oh Mia Rinaldi." Al ver mi expresión en blanco,
preguntó,"¿No la recuerdas?"
"¿Debería? ¿Estaba aquí cuando nos marchamos? "
"Siempre estuvo aquí", dijo Natalie. "Solo es año más joven
que nosotras."
Le lancé a Lissa una mirada interrogatoria, pero sólo se
encogió de hombros.
"¿Por qué está tan enfadada con nosotras?", Le pregunté.
"Ninguna la conocemos".
"No lo sé", respondió Natalie. "Tal vez ella siente celos por lo
de Aarón. Ella no era mucha cosa cuando os fuisteis. Se hizo
muy popular muy rápidamente. Ella no es de la realeza ni
nada, pero una vez que comenzó a coquetear con Aaron, ella-"
"Muy bien, gracias", la interrumpí. "Realmente no -"
Miré por encima del rostro de Natalie, al de Jesse Zeklos,
cuando el estaba pasando cerca de nuestra mesa. Ah, Jesse.
Me había olvidado de él. Me gustaba coquetear con Manson y
algunos otros principiantes, pero Jesse estaba en una
categoría completamente diferente. Coqueteabas con otros
chicos simplemente por el placer de coquetear. Coqueteabas
con Jesse con la esperanza de acabar semidesnuda con el. Era
de la realeza Moroi, y estaba tan bueno, debería llevar una
placa que pusiese PRECAUCIÓN: INFLAMABLE. Encontró
mi mirada y sonrió.
"Hola Rose, bienvenida. ¿Sigues siendo una rompe
corazones?"
"¿Te estás ofreciendo?"
Su sonrisa se amplió. "Un día de estos saldremos y lo
descubriremos. Si puedes deshacerte de tu condicional".
Siguió caminando, y lo miré de forma admirable. Natalie y
sus amigas me miraron incrédulas. Yo no sería una diosa al
estilo Dimitri, pero en este grupo, Lissa y yo éramos diosas - o
por lo menos ex-diosas – de una forma diferente.
"¡Oh Dios Mío!", exclamó una chica. No recordaba su
nombre. "Aquel era Jesse."
"Sí", le dije, sonriendo. "Sin duda lo era."
"Lamento no ser como tú", dijo con un suspiro.
Sus ojos se fijaron en mí. Técnicamente, era media Moroi,
pero tenía apariencia humana. Me mezclé bien entre los
humanos en nuestro tiempo de fugitivas, tan bien que rara
vez pensaba en mi apariencia. Aquí, entre las delgadas chicas
Moroi y sin pechos, determinadas características - es decir,
mis pechos eran mayores y mis caderas más definidas – si
destacaban. Sabía que era guapa, pero para los chicos Moroi,
mi cuerpo era algo más que hermoso, era sexy de una manera
obscena. Las Dhampirs eran una conquista exótica, una
novedad que todos los chicos Moroi querían "probar".
Es irónico que las Dhampirs causásemos tal fascinación,
porque las delgadas chicas Moroi se parecían mucho a las
modelos de pasarela súper delgadas tan famosas en el mundo
humano. La mayoría de los seres humanos nunca podría
alcanzar este objetivo "ideal" de delgadez, como las chicas
Moroi nunca se parecerían a mí. Todo el mundo quiere lo que
no puede tener.
Lissa y yo nos sentamos juntas en las clases que
compartíamos por la tarde, pero no hablamos mucho.
Las miradas que había mencionado sin duda nos seguían,
pero descubrí que cuanto más hablaba con la gente, más se
abrían. Poco a poco, gradualmente, parecía que empezaban a
recordar quienes éramos, y la novedad - pero no la intriga - de
nuestra loca hazaña estaba desapareciendo.
Tal vez, debería decir, que recordaban quién era yo. Porque
era la única que hablaba.
Lissa miraba fijamente hacia delante, escuchando pero sin
responder o participar en mis intentos de establecer una
conversación. Podía sentir su ansiedad y tristeza desbordante.
"Bien", le dije cuando terminó la clase. Estábamos de pie
fuera de la academia, y yo era totalmente consciente de que
haciendo esto, estaba rompiendo uno de los términos de mi
acuerdo con Kirova. "No nos quedaremos aquí", le dije,
observando el campus. "Encontraré la forma de salir de aquí."
"¿Crees que podríamos hacerlo por segunda vez?" Preguntó
Lissa muy bajito.
"Absolutamente." Hablé con certeza, una vez más aliviada de
que no pudiese leer mis sentimientos. La primera ve que
escapamos había sido muy difícil. Hacerlo de nuevo sería un
verdadero infierno, pero no es que no pensase en una salida.
"Realmente lo harías, ¿no?" Sonrió, más a sí misma que a mí,
como si estuviese pensado en algo divertido. "Por supuesto
que sí. Lo que ocurre es que, bueno..." Suspiró. "No creo que
deberíamos marcharnos. Tal vez - tal vez deberíamos
quedarnos aquí".
Parpadeé asombrada. "¿Qué?" No fue una de mis respuestas
más elocuentes, pero fue la mejor que pude hacer. Nunca
había esperado esto de ella.
"Te vi, Rose. Te vi hablando con los otros estudiantes en
clase, hablando de la formación. Lo echaste de menos. "
"Esto no vale la pena," le discutí. "No... no si tu..." no puedo
terminar, pero tenía razón. Ella me había leído. Había echado
de menos a los otros aprendices. Hasta a algunos de los
Moroi. Pero había algo más que eso. El peso de mi
inexperiencia, lo atrasada que me había quedado, había
estado creciendo en mí a lo largo del día.
"Tal vez sea lo mejor", respondió ella. "No he tenido tantas...
ya sabes. No he sentido como si alguien nos estuviese
siguiendo u observando".
No dije nada al respecto. Antes de abandonar la Academia,
ella siempre sentía como si alguien la estuviese siguiendo,
como si la estuviesen persiguiendo. Nunca encontré
evidencias para apoyar eso, pero una vez escuché a una de
nuestros profesores hablar y hablar sobre lo mismo. La Sra.
Karp. Había sido una hermosa Moroi, con un pelo de un color
marrón profundo y altos pómulos. Yo estaba casi segura de
que estaba loca.
"Nunca se sabe quien podría estar observando,"
acostumbraba a decir ella, andando con brío por el aula
mientras cerraba todas las cortinas. "O quien te podría estar
siguiendo. Es mejor ser precavido. Es mejor estar siempre
alerta". Hablábamos entre nosotros sofocando las risas
porque eso es lo que los estudiantes hacen cuando tienen
profesores paranoicos y excéntricos. Pensar que Lissa actuaba
como ella me preocupaba.
"¿Cuál es el problema?" preguntó Lissa, al notar que estaba
perdida en mis pensamientos.
"¿Eh? Nada. Sólo estaba pensando." Suspiré, tratando de
equilibrar mis propios deseos con lo que era mejor para ella.
"Liss, podemos quedarnos, creo... pero con algunas
condiciones".
Esto hizo que ella riese. "Un Ultimátum Rose, ¿eh?"
"Lo digo en serio." Las palabras que no utilizaba a menudo.
"Quiero que te mantengas alejada de la realeza. No como
Natalie o así, pero ya sabes a quien me refiero, a los otros.
Aquellos que juegan con poder. Camille. Carly. Ese grupo."
Su diversión se trasformó en sorpresa. "¿Hablas en serio?"
"Claro. De todas formas nunca te gustaron. "
"A ti te gustaban".
"No. No realmente. Me gustaba lo que podían ofrecer. Las
fiestas y otras cosas".
"¿Y ahora puedes estar sin eso?" Parecía escéptica.
"Claro. En Portland lo hicimos."
"Sí, pero allí era diferente." Sus ojos miraban a la nada sin
centrarse en algo concreto.
"Aquí... Aquí tengo que ser parte de eso. No puedo evitarlo".
"Si que puedes. Natalie está fuera de todo eso."
"Natalie no va a heredar el título de la familia", respondió
ella. "Yo ya la tengo. Tengo que implicarme, comenzar a hacer
conexiones. Andre -"
"Liss," Gemí. "No eres Andre." No podía creer que aún se
comparase con su hermano.
"Siempre estaba involucrado en esas cosas."
"Sí, bueno," Vociferé en respuesta, "Ahora él está muerto."
Su rostro se endureció. "Sabes, a veces ni siquiera eres un
poco agradable."
"No me mantienes cerca por ser gentil. Si quieres bondad,
aquí hay una docena de corderitos que rasgarían la garganta
de los demás simplemente por tener el favor de la princesa
Dragomir. Me mantienes cerca por que te digo la verdad, y
aquí está: Andre está muerto. Ahora tú eres la heredera, y
tendrás que lidiar con eso de la mejor forma posible. Pero,
por ahora, eso significa mantenerse alejada de la realeza.
Vamos a ser discretas. Actuar con normalidad. Si te dejas
llevar por esas cosas nuevamente, Liss, te vas a volver... "
"¿Loca?" Añadió cuando no terminé.
Ahora era yo quien miraba a la nada. "No quise decir..."
"Está todo bien", dijo, después de un tiempo. Suspiró y tocó
mi brazo. "Está bien. Nos quedaremos y me mantendré
alejada de todo eso. Actuaré tal y como quieres. Creo, que
andaré con Natalie."
Para ser completamente honesta, yo no quería nada de eso.
Yo quería ir a todas las fiestas de la realeza y a las fiestas
salvajes llenas de bebidas alcohólicas como hacíamos antes.
Habíamos estado alejadas de esa vida durante años hasta que
los padres y el hermano de Lissa murieron. Andre debería
haber sido el que heredase el título de la familia, y sin duda
había actuado como tal. Guapo y extrovertido, era encantador
con cada persona que conocía y había sido el líder de todos
los clubes y grupos de la realeza que había en el campus.
Después de su muerte, Lissa consideró que era su deber
familiar ocupar su lugar.
Pude disfrutar de ese mundo con ella. Era fácil para mí,
porque realmente no tenía que lidiar con la parte de la
política. Yo era una guapa dhampir, una a la cual no le
importaba meterse en problemas y hacer locuras. Me convertí
en la novedad, les gustaba tenerme cerca por la diversión que
representaba.
Lissa tuvo que ocuparse de otros asuntos. Los Dragomirs eran
una de las doce familias gobernantes. Tenía una posición muy
poderosa en la sociedad Moroi, y los otros jóvenes de la
realeza querían tener su favor. Falsos amigos la querían de su
lado y así ponerla en contra de otras personas. Los de la
realeza te podían sobornar y apuñalarte por la espalda al
mismo tiempo - era un todos contra todos. Para los dhampirs
y los plebeyos, ellos eran completamente imprevisibles.
Esa actitud cruel poco a poco había desgastado a Lissa. Ella
era de naturaleza buena y gentil que a mi me gustaba y odiaba
verla molesta y estresada por los juegos de la realeza. Ella
había estado muy débil desde el accidente, y todas las fiestas
del mundo no valían la pena si ella sufría.
"Vale", le dije finalmente. "Vamos a ver cómo son las cosas. Si
algo sucede - cualquier cosa pequeña - nos vamos. Sin
discusión".
Asintió con la cabeza.
"¿Rose?"
Nos fijamos en la figura de Dimitri. Esperaba que no hubiese
oído la parte de la marcha.
"Llegas tarde al entrenamiento", dijo tranquilamente. Al ver a
Lissa la saludó cortésmente. "Princesa".
Mientras él y yo nos íbamos, me quedé preocupada por Lissa
y me pregunté si quedarnos aquí era lo correcto. No sentí
nada alarmante a través de la conexión, pero sus emociones
inundaban todo el lugar. Confusión. Nostalgia. Miedo.
Esperanza. De una forma muy fuerte y poderosa, me
inundaron.
Sentí la conexión justo antes de que sucediese. Fue
exactamente como había ocurrido en el avión: sus emociones
habían sido tan fuertes que ellas me habían "aspirado" a su
mente antes de que pudiese detenerlas. Ahora podía ver y
sentir lo que ella hacia.
Caminaba lentamente por la zona común, en dirección a la
capilla ortodoxa rusa que se utilizaba para la mayoría de las
necesidades religiosas de la academia. Lissa asistía a misa
regularmente. Yo no.
Yo tenía un acuerdo sólido con Dios: yo creía en el -
solamente – si el me dejaba dormir los domingos.
Pero cuando ella entró, pude sentir que ella no estaba allí
para rezar. Ella tenía otro propósito, uno que yo desconocía.
Mirando alrededor, miró que ni el sacerdote o algún orador
estuviesen cerca. El lugar estaba vacío.
Deslizándose por una puerta en la parte posterior de la
capilla, pasó por una estrecha escalera que conducía al ático.
Aquí estaba oscuro y polvoriento. La única luz que había
provenía de una enorme vidriera sucia que rompía la débil luz
del alba y la transformaba en pequeños puntos multicolores
que cubrían el suelo.
No supe hasta ese momento que ese lugar era el refugio de
Lissa. Pero ahora podía sentir los recuerdos de cómo ella solía
escaparse al ático para estar sola y pensar. Su ansiedad
empezaba a calmarse en cuanto ella estuvo rodeada de ese
ambiente familiar. Se sentó junto a la ventana y se inclinó
hacia atrás apoyando la cabeza en la pared, disfrutando
momentáneamente de la luz y el silencio.
Los Moroi podían soportar la luz, a diferencia de los Strigoi,
pero aún así tenían que limitar su exposición. Sentada ahí,
siendo protegida por el cristal que diluía los rayos, ella casi
podía fingir que estaba bajo el sol.
Respira, sólo respira, se dijo a sí misma. Todo estará bien.
Rose se encargará de todo.
Ella creía eso apasionadamente, como siempre, y aún se
relajó más.
Una voz baja habló en la oscuridad.
"Puedes quedarte con la Academia, pero no con el asiento de
la ventana."
Dio un salto, su corazón latiendo fuertemente. Compartía su
inquietud, y mi propio pulso se aceleró. "¿Quién está ahí?"
Un momento después, una figura salió de detrás de una pila
de cajas, un poco fuera de su campo de visión. La figura dio
un paso adelante, y en la luz, las expresiones familiares se
materializaron. Cabello negro despeinado. Ojos color azul
pálido. Una sonrisa satisfecha y burlona.
Christian Ozera.
"No te preocupes", dijo. "No te voy a morder. Bueno, al menos
no de la manera que temes." Dijo sonriendo ante su propia
broma.
Ella no le había encontrado la gracia. Había olvidado
completamente a Christian. Yo también.
No importaba lo que ocurría en nuestro mundo, algunas
verdades básicas acerca de los vampiros seguían siendo
verdad. Los Moroi estaban vivos; Los Strigoi eran muertos
vivientes. Los Moroi eran mortales; los Strigoi eran
inmortales. Los Moroi nacían; Los Strigoi eran convertidos.
Hay dos formas de convertirse en un Strigoi. Los Strigoi
podían transformar humanos, dhampirs, y Morois con una
sola mordida. Y Moroi tentados por la promesa de la
inmortalidad podían convertirse en Strigoi por su propia
elección si intencionalmente mataban a una persona mientras
se alimentaban. Hacer eso, era considerado siniestro y
retorcido, el mayor de todos los pecados, tanto en contra del
modo de vida de los Moroi, y de la naturaleza. Los Moroi, que
elegían el camino oscuro perdían su habilidad de conexión
con la magia elemental y con las otras fuerzas del universo.
Por ese motivo, no podían estar bajo el sol.
Eso fue lo que sucedió con los padres de Christian. Ellos eran
Strigoi.
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Mensajes : 87
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Fecha de inscripción : 19/10/2011
Edad : 27
Localización : Buenos Aires, Argentina

Ficha de personaje
Nombre: Aelizs Ivanov
Raza: Dhampir principiante
Año: 2do año

MensajeTema: Capítulo 5   Sáb Dic 10, 2011 8:09 pm

Capítulo 5

O más bien, habían sido Strigoi. Un regimiento de guardianes
los había perseguido y matado. Si los rumores eran ciertos,
Christian había atestiguado todo eso cuando siendo un niño.
Y por más que el no fuese un Strigoi, algunas personas
pensaban que no estaba lejos de serlo, por que siempre se
vestía de negro y era muy reservado.
Strigoi o no, no confiaba en él. Era un idiota, y
silenciosamente le gritaba a Lissa que saliese de allí - no es
que mis gritos estuviesen ayudando mucho. Estúpido vínculo
mental de una sola dirección.
"¿Qué estás haciendo aquí?" le preguntó ella.
"Disfrutando de la vista, por supuesto. Esta silla de lona es
particularmente encantadora en esta época del año. Ahí,
tenemos una vieja caja llena de registros del bendito y loco St.
Vladimir. Y no podemos olvidarnos de esta hermosa mesa si
una pata".
"Lo que sea." Hizo rodar los ojos y se movió en dirección a la
puerta, queriendo salir, pero le bloqueó su camino.
"Bueno, ¿qué hay de ti?", Respondió con burla. "¿Por qué
estás aquí? ¿No tienes fiestas a las que ir o vidas que destruir?
Un poco de la vieja chispa de Lissa regresó. "Wow, eso es muy
gracioso. ¿Soy un rito de paso ahora? Vamos a ver si puedo
cabrear a Lissa para así demostrar lo guay que soy. Una chica
que no conozco me gritó hoy, ¿y ahora tengo que tratar
contigo? ¿Qué necesita una chica para que la dejen en paz? "
"Oh. Por lo tanto, es por eso que estás aquí. Para una fiesta de
autocompasión. "
"No es ninguna broma. Estoy hablando en serio." Podría decir
que Lissa se estaba enfadando. Eso se estaba imponiendo a su
sufrimiento interior.
Él se encogió de hombros y de forma casual se dejó caer
contra la pared. "Yo también lo estoy. Amo las fiestas de
autocompasión. Lamento no haber traído los sombreros.
¿Sobre que quieres lamentarte en primer lugar? ¿Sobre
cuanto tiempo te llevará ser popular y querida de nuevo?
¿Sobre las semanas que tendrás que esperar hasta que
Hollister te envíe ropas nuevas? Si optaste por el transporte
marítimo tal vez no tengas que esperar tanto tiempo."
"¡Déjame salir", dijo de forma irritada, empujándolo a un
lado.
"Espera", dijo cuando ella llegó a la puerta. El sarcasmo en su
voz había desaparecido.
"¿Cómo ... Ahn.., ¿Cómo era? "
"¿Cómo era qué?" le replicó ella.
"Estar fuera. Lejos de la Academia. "
Ella vaciló un momento antes de responder, cogida con la
guardia baja para lo que parecía un verdadero intento de
establecer una conversación. "Fue maravilloso. Nadie sabía
quien era. No era más que otra cara. No era una Moroi. No
era de la realeza. No era nadie." Ella miró al suelo. "Todo el
mundo aquí cree que sabe quien soy."
"Si. Es muy difícil dejar atrás el pasado", dijo amargamente.
En ese momento, Lissa pensó - y yo, por defecto - lo difícil
que debía ser estar en la piel de Christian. La mayoría de las
veces, las personas lo tratan como si no existiese. Como si
fuese un fantasma. No hablan con él o sobre él. Simplemente
no se daban cuenta de su existencia. El estigma del crimen de
sus padres era muy fuerte, lanzando sombras sobre toda la
familia Ozera.
Sin embargo, el la había enfadado y no estaba dispuesta a
sentir lástima por él.
"Espere - ¿Ahora eres tu el de la autocompasión?"
Se rió, casi con aprobación. "Desde hace un año que esta sala
es el lugar de mis fiestas de autocompasión. "
"Lo siento", dijo Lissa sarcásticamente. "Venía aquí desde
mucho antes de marcharme. Tengo más derecho. "
"Derecho de los sin techo. Además, tengo que estar cerca de la
capilla, siempre que sea posible, para que la gente sepa que
no me he convirtió en un Strigoi... todavía." Una vez más, su
voz sonó con un tono de amargura.
"Solía verte siempre en la iglesia. ¿Esa es la única razón por la
que vas? ¿Por las apariencias?"
Los Strigoi no pueden entrar en tierra sagrada. Un poco más
de esa cosa de pecando-contra-el-mundo.
"Por supuesto", dijo. "¿por qué más iría? ¿Por el bien de mi
alma? "
"Lo que sea," dijo Lissa, que claramente tenía una opinión
diferente. "Te dejaré solo entonces. "
"Espera", dijo de nuevo. Parecía que no quería dejarla ir. "Te
ofrezco un trato. Te puedes quedar aquí también si me
cuentas una cosa".
"¿Lo qué?" Lo miró nuevamente.
Él se inclinó ligeramente hacia adelante. "De todos los
rumores que oí sobre ti hoy - y créeme, he escuchado muchos,
incluso si nadie me dice nada directamente – hay uno sobre el
que no oí muchos comentarios. Ellos analizaron todo lo
demás: por que huiste, lo que hiciste fuera, por que
regresaste, la especialización, lo que Rose le dijo a Mia, bla,
bla, bla. Y en medio de todo esto, nadie, nadie ha cuestionado
esa estúpida historia que Rose sobre la existencia de todo tipo
de personas marginales que te dejaban que les tomaras su
sangre. "
Ella desvió la mirada, y pude sentir como sus mejillas
comenzaban a enrojecerse. "Ni es estúpida, ni es una historia.
Él se rió suavemente. "He vivido con los seres humanos. Mi
tía y yo estuvimos lejos después de que mis padres…
muriesen. No es tan fácil encontrar sangre." Cuando ella no
respondió, se rió otra vez. "Fue Rose, ¿no? Ella te alimentó”.
Un nuevo temor se apoderó de ella y de mí. Nadie en la
escuela podía saberlo. Kirova y los guardianes que nos fueron
a buscar lo sabían, pero guardaban la información para si
mismos.
"Bueno. Si eso no es amistad, no sé lo que es, "dijo.
"No se lo puedes contar a nadie", lanzó.
Eso era todo lo que necesitábamos. Como lo había recordado,
los alimentadores eran adictos a las mordeduras de vampiro.
Aceptábamos eso como parte de la vida, pero al mismo
tiempo los despreciábamos por eso. Para todos los demás -
sobre todo para una Dhampir - dejar que un Moroi tomase su
sangre era casi, como decirlo, sucio. De hecho, una de las
cosas más pervertidas, casi pornográficas que un Dhampir
podía hacer, era dejar que un Moroi tomase su sangre
durante las relaciones sexuales.
Lissa y yo no habíamos tenido sexo, por supuesto, pero ambos
sabíamos lo que los demás pensarían sobre la alimentación.
"No se lo digas a nadie". Repitió Lissa.
El metió las manos en los bolsillos de la chaqueta y se sentó
en una de las cajas. "¿A quien se lo contaría? Mira, por que no
te sientas en el asiento de la ventana. Puedes tenerlo hoy y
permanecer allí durante un tiempo. Si es que no me tienes
miedo".
Ella vaciló, estudiándolo. Parecía oscuro y hosco, con los
labios curvados en una especie de sonrisa de "Soy tan
rebelde". Pero no parecía tan peligroso. No parecía un Strigoi.
Cuidadosamente, se sentó de nuevo en el asiento de la
ventana, frotando inconscientemente sus brazos contra el
frío.
Christian la observaba, y un momento después, el aire se
calentó considerablemente.
Lissa se encontró con la mirada de Christian y sonrió,
sorprendida por no haber notado con anterioridad lo azules
que eran sus ojos. "¿Estás especializado en el fuego?"
Asintió y se dejó caer en una silla quebrada. "Ahora tenemos
asientos de lujo."
Salí de la visión bruscamente.
"¿Rose? ¿Rose?
Parpadeando, me enfoqué en la cara de Dimitri. Estaba
inclinando hacia mí, sus manos agarrando mis hombros.
Había dejado de caminar, nos detuvimos en el medio del
patio que separaba los edificios de la parte superior del
campus.
"¿Estás bien?"
"Yo... sí. Yo estaba... estaba con Lissa…" puse una mano en mi
frente. Nunca había tenido una experiencia tan larga y clara
como esta."Estaba en su cabeza."
"¿Su… cabeza?
"Si. Es una parte de nuestra conexión mental." Realmente no
tenía ganas de explicarle eso.
"¿Está todo bien con ella?"
"Sí, ella está..." Dudé. ¿Estaba todo bien con ella? Christian
Ozera acababa de invitarla a quedarse un tiempo con él. Nada
bueno. Pero los sentimientos que se agitaban en nuestra
conexión mental ya no eran de enfado o miedo. Ella estaba
casi contenta, aunque todavía estaba un poco nerviosa. "No
está en peligro", le dije finalmente. Eso esperaba.
"¿Puedes continuar?"
El rígido, estoico guerrero que había conocido antes se había
ido - sólo por un minuto - y parecía realmente preocupado.
Realmente preocupado. Sentir sus ojos en mí de esa forma
hacía que algo en mi interior se agitase – lo que era estúpido,
por supuesto. No tenía razón alguna para ser tan ridícula, solo
porque el hombre era demasiado guapo para su propio bien.
Después de todo, él es un Dios anti-social, según Mason. Uno
que supuestamente, me dejaría con todo tipo de dolores.
"Si. Estoy bien. "
Fui al vestuario del gimnasio y me puse un chándal que
alguien finalmente había decidido darme después de haber
pasado un día entrenando en pantalones vaqueros y camisa.
Repugnante. Me perturbaba que Lissa estuviese con
Christian, pero deje ese pensamiento para más tarde por que
mis músculos me estaban informando que no querían pasar
por ningún otro ejercicio por el día de hoy.
Entonces le sugerí a Dimitri que, tal vez, el podría
dispensarme esta vez.
Se rió, y tuve la total certeza de que era de mí y no conmigo.
"¿Por qué es gracioso?"
"Oh", dijo, disimulando una sonrisa. "Lo decías en serio."
"¡Por supuesto! Mira, yo era, técnicamente, he estado
despierta durante dos días. ¿Por que tenemos que comenzar
ese entrenamiento ahora? Déjame ir a la cama," lloriqueé. "Es
sólo una hora.”
Cruzó los brazos y me miró. Su preocupación de antes se
había ido.
Ahora sólo se trataba de negocios. Amores Perros. "¿Cómo te
sientes ahora? Después del entrenamiento que has hecho
hasta ahora"
"Dolorida como el infierno".
"Te sentirás peor mañana".
"¿Y?"
"Por lo tanto, mejor meterse de lleno en el entrenamiento
ahora que no te sientes... tan mal. "
"¿Qué clase de lógica es esa?" Repliqué.
Pero no discutí mas mientras me llevaba hasta la sala del
gimnasio. Me mostró los pesos y los ejercicios que tenía que
hacer y, a continuación, se fue a una esquina con una novela
del Viejo Oeste. Qué dios. Cuando terminé, se detuvo a mi
lado y me enseñó algunos ejercicios de estiramiento.
"¿Cómo terminaste siendo asignado como guardián de
Lissa?", Le pregunté. "No estabas aquí hace unos años. ¿Te
formaste al menos en esta escuela? "
No me respondió de inmediato. Tuve la sensación de que no
solía hablar de si mismo con frecuencia. "No, asistí a una
escuela en Siberia."
"Whoa. Este debe ser el único lugar peor que el de Montana. "
Un destello de algo - quizás de diversión - brilló en sus ojos,
pero él no demostró haber notado la broma. "Después de la
graduación, fui guardián de un lord de la familia Zeklos. Fue
asesinado recientemente."
Su sonrisa desapareció, y su rostro se oscureció. "Me enviaron
aquí porque necesitan guardias extras en el campus. Cuando
la princesa apareció, me designaron a ella, ya que estaba por
aquí. Que no es que eso sea importante hasta que deje el
campus. "
Pensé en lo que me dijo. ¿Al hombre que tenía que proteger lo
había matado algún Strigoi? "¿Este lord murió durante tu
guardia?"
"No. Estaba con su otro guardián. Yo estaba lejos. "
Se quedó en silencio, su mente, obviamente, estaba en otro
lugar. Los Moroi esperaban mucho de nosotros, no obstante,
reconocían que los guardianes son - más o menos -
simplemente humanos. Por lo tanto, a los guardianes se les
pagaba y tenían vacaciones como en cualquier otro trabajo.
Algunos guardianes radicales - como mi madre - se niegan a
tener vacaciones y juran nunca dejar de lado a sus Moroi.
Mirando a Dimitri, tuve la sensación de que podría muy bien
convertirse en uno de esos. Si había estado fuera debido a un
mandato, no se echaría la culpa por lo que le sucedió a ese
Lord. Aún así, él probablemente se culpase. Yo también me
culparía si algo le sucediese a Lissa.
"Oye", le dije, de repente queriendo animarlo, "¿Ayudaste a
trazar el plan para traernos de vuelta? Porque era muy bueno.
Fuerza bruta y todo eso."
Levantó una ceja lleno de curiosidad. Guay. Siempre había
querido hacer eso. "¿Me estás elogiando por eso?"
"Bueno, es mejor que su anterior intento".
"¿Intento anterior?"
"Si. En Chicago. Con un grupo de psi-Hounds".
"Esta fue la primera vez que os encontramos. En Portland. "
Deje de estirar y me senté con las piernas cruzadas. "Um, no
creo que me haya imaginado los psi-Hounds. ¿Quién más
podría haberlos enviado? Sólo responden a los Moroi. Tal vez
nadie te lo ha contado".
"Tal vez", dijo cerrando el tema. Podría decir, que por sus
palabras, no creía en la historia.
Regresé a la residencia de los aprendices después de eso. Los
estudiantes Moroi, vivían del otro lado del patio, cerca de las
zonas comunes. La organización de las viviendas estaba
basada en la conveniencia. Estar aquí nos dejaba, a los
aprendices, cerca del gimnasio y de las áreas de
entrenamiento. Sin embargo, también vivíamos separados
para fomentar las diferencias entre los Moroi y los dhampir.
Sus dormitorios apenas tenían ventanas, solo teniendo alguna
que otra pintada que atenuaba los rayos del sol. También
tenían una sección especial donde disponían de los
alimentadores. El dormitorio de los aprendices fue construido
de una forma más abierta, permitiendo la entrada de más luz.
Tenía mi propia habitación porque había pocos aprendices,
por no hablar de chicas. El cuarto que me dieron era pequeño
y simple, con dos camas individuales y un escritorio con un
ordenador. Habían traído mis pocas pertenencias desde
Portland y estaban, en ese momento, metidas en cajas,
esparcidas por la habitación. Revisé en las cajas buscando una
camiseta para dormir. Mientras lo hacia encontré dos fotos,
una de Lissa y yo en un partido de fútbol americano en
Portland y otra sacada durante el viaje de las vacaciones con
su familia, un año antes de la accidente.
Las coloqué en mi escritorio y encendí el ordenador. Alguien
del equipo técnico me dejó un documento con las
instrucciones para la renovación de mi correo electrónico y la
creación de una contraseña. Hice las dos cosas, feliz de
descubrir que nadie se había dado cuenta de que eso me
serviría para comunicarme con Lissa.
Cómo estaba demasiado cansada para escribirle en ese
momento, estaba apunto de apagar el ordenador cuando me
di cuenta de que había recibido un mensaje. De Janine
Hathaway. Era corto:
Me alegra que hayas regresado. Lo que hiciste es
imperdonable.
"También te quiero, mamá," Murmuré, cerrando todo.
Me fui a la cama mas tarde, y caí presa del sueño incluso
antes de tocar la almohada, y tal y como me había dicho
Dimitri, me sentí diez veces peor cuando me desperté a la
mañana siguiente. Acostada en la cama, reconsideré las
ventajas de huir. Entonces me acordé de mi culo recibiendo
patadas y llegó a la conclusión que la única forma de evitar
que me volviese a suceder era sufriendo un poco esta mañana.
Mi dolorido cuerpo hacia que todo fuese mucho peor, pero
aún así sobreviví al entrenamiento de antes de las clases con
Dimitri y a las posteriores clases sin sentirme mal o
desmayarme.
Durante el almuerzo, arrastré a Lissa fuera de la mesa de
Natalie y le dí un buen sermón digno de Kirova acerca de
Christian - particularmente castigándola por haberle dejado
saber acerca de nuestro acuerdo acerca de la sangre. Si esto se
supiese, nos mataría socialmente, y no confía en él para
guardar el secreto.
Lissa tenía otras preocupaciones.
"¿Estabas dentro de mi cabeza de nuevo?", Exclamó.
"¿Cuanto tiempo?"
"No lo hice a propósito", argumenté. "Simplemente sucedió. Y
este no es el punto. ¿De todos modos cuanto tiempo
estuvieron juntos? "
"No mucho. Fue… divertido".
"Bueno, no puedes hacerlo de nuevo. Si la gente descubre que
estas andando con el te crucificarán." La miré detenidamente.
"¿No estás, es decir, no te gusta, o si?
Bromeó. "No. Por supuesto que no. "
"Bien. Si quieres ir detrás de algún chico, reconquista a
Aaron." El era molesto, es cierto, pero era seguro. Como
Natalie. Porque todas las personas inofensivas eran tan
inocentes. Tal vez esa era la definición de "seguro".
Se rió. "Mia me arrancaría los ojos."
"Podemos con ella. De hecho, el se merece a alguien que no
compre en la GAP Infantil."
"Rose, tienes que dejar de decir cosas como esa".
"Solo estoy diciendo lo que tu no dices".
"Es sólo un año más joven," dijo Lissa. Entonces se rió. "No
puedo creer que creas que soy yo, la que nos meterá en
problemas. "
Sonriendo mientras entrábamos en el aula, la miré de reojo.
"Aaron realmente está bastante bien, ¿eh?"
Ella sonrió y evitó mi mirada. "Si. Bastante bien. "
"Oh. ¿Ves? Deberías ir detrás de el".
"Lo que sea. De momento esta bien que seamos simplemente
amigos. "
"Amigos que acostumbraban a meterse la lengua en la boca
del otro".
Puso en blanco los ojos.
"Vale." Dejé de provocarla. "Deja a Aaron en el jardín de
infancia. Mientras tanto, permanece lo más alejada posible de
Christian. Es muy peligroso".
"Estás exagerando. No se va a convertir en un Strigoi".
"Es una mala influencia".
Ella rió. "¿Crees que estoy en peligro de convertirme en un
Strigoi?"
No esperó mi respuesta, en lugar de eso empujó la puerta,
abriéndola para nuestra clase de Ciencias. Parada allí en la
puerta, me quedé pensando en lo que había dicho y un
momento después la seguí. Cuando lo hice, tuve que ver el
poder de la realeza en acción. Unos chicos - con algunas niñas
que cabeceaban y reían tontamente – se estaban divirtiendo
con un chico Moroi. No lo conocía muy bien, pero sabía que él
era pobre y definitivamente no era de la realeza. Un par de
matones eran usuarios de magia de aire, e hicieron volar los
papeles de su mesa, lanzando corrientes de aire para que
saliesen volando mientras el intentaba cogerlos.
Mis instintos me obligaban a hacer algo, tal vez ir a golpear a
los usuarios de aire. Pero no podía iniciar una pelea con todo
el mundo que me molestase, y ciertamente no con un grupo
de la realeza - especialmente cuando Lissa precisaba
mantenerse alejada de sus radares. Así que solo pude
lanzarles una mirada de asco mientras caminaba a mi mesa.
Una vez que lo hice, una mano agarró mi brazo. Jesse.
"Oye", le dije bromeando. Afortunadamente, parecía no estar
participando en la sesión de tortura. "Está prohibido tocar la
mercancía."
Me sonrió, pero mantuvo su mano sobre mí. "Rose, le conté a
Paul sobre aquella vez que iniciaste una pelea en el aula de la
Sra. Karp."
Levanté la cabeza hacia ellos, con una sonrisa divertida.
"Comencé un montón de peleas en su aula".
"Te acuerdas de la del cangrejo ermitaño. Y el gerbo."
Me reí, recordando. "¡Oh, sí. Era un hámster, creo. Lo metí
dentro del tanque del cangrejo, y ambos estaban tan
emocionados de estar tan cerca de mí, que lo dieron todo. "
Paul, un chico sentado cerca y que yo no conocía, también
empezó a reír. Había sido transferido el año pasado, y al
parecer, no había escuchado la historia. "¿Quién ganó?"
Miré a Jesse de forma cómica. "No me acuerdo. ¿Te
acuerdas? "
"No. Solo recuerdo que la Sra. Karp se había vuelto loca." Él
se dirigió a Paul. "Amigo, deberías haber visto a esa profesora
que teníamos. Solía pensar que la gente estaba detrás de ella y
se explotaba con cosas que no tenían ningún sentido. Era una
locura. Tenía el hábito de caminar por el campus, cuando
todo el mundo estaba dormido. "
Sonreí rígidamente, haciéndoles creer que eso era gracioso.
En cambio, me acordé de la Sra. Karp de nuevo, sorprendida
por pensar en ella nuevamente en menos de dos días. Jesse
tenía razón – ella acostumbraba a andar mucho por el
campus cuado trabajabaaquí. Era escalofriante. Me había
encontrado con ella una vez – de forma inesperada.
Me había escapado por la ventana del dormitorio para ir a
encontrarme con unas personas. Era tarde, y todos debíamos
estar en nuestras habitaciones, durmiendo. Esas tácticas de
fuga eran algo habitual para mí. Era buena en eso.
Pero me caí en ese momento. Mi habitación estaba en el
segundo piso, y perdí mi apoyo más o menos en la mitad del
camino al suelo. Sintiendo que me estaba acercando al suelo,
intenté desesperadamente agarrarme a algo para reducir la
velocidad de mi caída. Estaba demasiado preocupada como
para sentir los cortes que las piedras del edificio estaban
causando en mi piel. Me caí en la hierba del suelo, de
espaldas.
"Muy mal hecho, Rosemarie. Deberías ser más prudente. Tus
instructores estarían decepcionados".
Espiando avergonzada a través de mi cabello, vi a la Sra. Karp
que me estaba mirando con una expresión de perplejidad. En
ese mismo momento, el dolor atravesó cada parte de mi
cuerpo.
Ignorándolo lo mejor que podía, me levanté con dificultad.
Estar en la clase con la Loca Karp mientras estaba rodeada de
otros estudiantes era una cosa. En estar ahí afuera a solas con
ella era completamente diferente. Siempre tenía un destello
misterioso en sus ojos que me ponía la piel de gallina.
También había un alto riesgo de que ella me arrastrase hasta
Kirova para que me castigase. Lo que era aún peor.
En cambio, ella sólo sonrió y tomó mis manos. Vacilé, pero
dejé que me las agarrase. Silbó cuando vio a los arañazos.
Amarrándomelas con firmeza, frunció las cejas ligeramente.
Un hormigueo ardió en mi piel, con un tipo de zumbido
agradable y, a continuación, se cerraron las heridas. Tuve una
breve sensación de vértigo. Mi temperatura se elevó. La
sangre se había ido así como el dolor de mi cadera y el de la
pierna.
Con un jadeo, aparté mis manos de un tirón. Había visto
mucha magia Moroi, pero nunca algo así.
"¿Qué... ¿qué hiciste?"
Ella me dio una vez más una extraña sonrisa. "Vuelve a tu
dormitorio, Rose. Hay cosas malas aquí. Uno nunca sabe lo
que lo está siguiendo. "
Yo seguía mirándome las manos. "Pero..."
La miré de nuevo y por primera vez advertí cicatrices en las
esquinas de su frente. Como si hubiesen sido hechas por
arañazos. Me miró fijamente. "No te descubriré si tu no me
descubres. "
Regresé al presente, preocupada por el extraño recuerdo de
esa noche. Jesse, en ese momento, me estaba hablando sobre
una fiesta. "Tienes que escaparte esta noche. Vamos a ese
lugar en el bosque en torno a las ocho y media. Mark ha
conseguido maría".
Suspiré melancólicamente, sustituyendo el escalofrío que
había sentido al recordar a la Sra. Karp. "No puedo
escaparme. Tengo un carcelero ruso".
Dejó mi brazo, viéndose decepcionado, y pasó una mano por
su cabello color bronce. Si. No poder estar con el era una gran
vergüenza. Tendría que arreglar esto algún día. "¿Podrás salir
alguna vez por buen comportamiento?" Bromeó.
Le di lo que yo esperaba que fuese una sonrisa seductora
mientras asentía. "Claro", le dije sobre mi hombro. "Cuando
lo sea"


Última edición por Elizabet Ivashkov el Sáb Dic 10, 2011 8:13 pm, editado 1 vez
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Anna Ivashkov
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Ficha de personaje
Nombre: Aelizs Ivanov
Raza: Dhampir principiante
Año: 2do año

MensajeTema: Re: Lectura online   Sáb Dic 10, 2011 8:13 pm

Capítulo 6

Por más que el encuentro de Lissa con Christian me
molestase, acabó dándome una idea para el día siguiente.
"Oye, Kirova - er, Sra. Kirova." Me paré en la puerta de su
despacho, no me había molestado en anunciarme. Ella
levantó su mirada de algunos documentos, claramente
irritada al verme.
"Sí, Srta. Hathaway?"
"¿Mi arresto domiciliario significa que no puedo ir a la
iglesia?"
"¿Perdón?"
"Usted me dijo que siempre y cuando no estuviese en clase o
practicando, yo debería de estar en mi dormitorio. ¿Pero qué
pasa con la misa de los domingos? No creo que sea justo que
deje ahora mis necesidades... eh, religiosas." O privarme de
una oportunidad - no importa que sea corta y aburrida - de
estar con Lissa.
Ella empujó sus gafas hasta la mitad de la nariz. "No sabía
que tuvieses necesidades religiosas. "
"Encontré a Jesús cuando estuve fuera”.
"¿Tu madre no es atea?" Preguntó con recelo.
"Y mi padre probablemente es musulmán. Pero yo sigo mi
propio camino. Usted no debería alejarme de él. "
Ella hizo un sonido que parecía una especie de risilla. "No,
Srta. Hathaway, no debería. Muy bien. Puedes asistir a la
misa de los domingos."
Sin embargo, la victoria fue efímera, porque cuando fui a la
iglesia unos pocos días más tarde, vi que la iglesia era tan
aburrida como recordaba. Al menos, me las arreglé para
sentarse junto a Lissa, lo que me hizo sentir con si hubiese
conseguido algunos beneficios después de todo. La mayor
parte del tiempo me dediqué a observar a la gente. Ir a la
iglesia era opcional para los estudiantes, pero con tantas
familias de la Europa del Este, varios estudiantes eran
cristianos ortodoxos y asistían a la iglesia por sus creencias o
por que sus padres les obligaban.
Christian estaba sentado en el lado opuesto de la sala,
pretendiendo ser tan santo como había dicho. Por más que no
me gustase, su falsa fe me hizo sonreír. Dimitri se sentó al
fondo, su rostro oculto por la sombras, y como yo, no
comulgó. Por más pensativo que pareciese, me pregunté si
tan siquiera había escuchado el sermón. Yo apenas escuchaba
algunas partes.
"Seguir el camino de Dios no siempre es fácil", decía el
sacerdote. "Incluso el Santo Vladimir, santo patrón de la
escuela, pasó por momentos difíciles. Era tan espirituoso que
la gente siempre se reunía a su alrededor, simplemente para
escucharlo y estar en su presencia. Dicen los textos antiguos,
que su espíritu era tan grande que podía curar a los enfermos.
Sin embargo, a pesar de esos dones, muchos no lo respetaban.
Se burlaban de él, diciendo que estaba desorientado y
perturbado."
Lo que era una buena manera de decir que Vladimir estaba
loco. Todo el mundo sabía eso.
Fue uno de los pocos santos Moroi, por eso al sacerdote le
gustaba tanto hablar de él. Ya lo había escuchado todo sobre
el antes de huir. Genial. Parecía que iba a una multitud de
domingos para escuchar su historia una y otra vez.
"... y así fue con Anna Shadow-Kissed."
Levanté la cabeza. No tenía ni idea de lo que el sacerdote
estaba hablando, porque no había estado escuchando por un
tiempo. Pero esas palabras se grabaron en mí. Shadow-
Kissed. Había pasado mucho tiempo desde que las había
escuchado, pero nunca las había olvidado. Esperé, a que
continuase, pero él ya había pasado a la siguiente parte de la
misa. El sermón se había terminado.
La misa terminó y cuando Lissa se giró para salir, giré mi
cabeza hacia ella. "Espérame. Enseguida vuelvo. "
Me abrí camino por entre la multitud, yendo hacia adelante,
donde el sacerdote estaba hablando con unas pocas personas.
Esperé con impaciencia, hasta que terminó. Natalie estaba
allí, preguntando acerca de algún trabajo voluntario que
pudiese hacer. Puff.

Cuando terminó, se fue, saludándome mientras pasaba a mi
lado.
El sacerdote levantó sus cejas cuando me vio. "Hola, Rose. Es
bueno verte de nuevo. "
"Sí... a usted también", le dije. "Le escuché hablar sobre Anna.
Acerca de cómo fue ‘shadow-kissed’. ¿Qué significa eso? "
Frunció el ceño, de forma pensativa. "No estoy muy seguro.
Ella vivió hace mucho tiempo. Era común referirse a las
personas por motes que reflejaban algo de sus características
personales. Podrían haberle puesto ese nombre para que
sonase mas feroz".
Traté de ocultar mi decepción. "Ah. Entonces, ¿quién era? "
Esta vez, la expresión de su ceño se torno en decepción. "Ya
he contado eso varias veces. "
"Oh. Debo de haberme perdido esa parte. "
Su decepción fue creciendo, y se giró. "Espera un momento."
Desapareció por una puerta cerca del altar, la que Lissa solía
usar para ir al ático.
Pensé en huir, pero pensé que Dios se vengaría de mí por eso.
Menos de un minuto después el sacerdote regresó con un
libro. Me lo entregó. Santos Moroi.
"Puedes aprender sobre ella aquí. La próxima vez que te vea,
me gustaría escuchar lo que has aprendido. "
Puse mala cara, mientras me iba. Fantástico. Tareas del
sacerdote.
En la entrada de la capilla, me encontré a Lissa hablando con
Aaron. Ella sonreía mientras hablaba, y los sentimientos que
ella emanaba eran de felicidad, aunque ciertamente no de
pasión.
"Estás bromeando", exclamó.
Negó con la cabeza. "No".
Al ver que me acercaba, ella se dirigió a mí. "Rose, no te lo vas
a creer. ¿Conoces a Abby Badica? Y a Xander? Su guardián va
a dimitir. Y a casarse con otra guardiana. "
Ahora, ese era un chisme emocionante. Un verdadero
escándalo. "¿En serio? Ellos van, como decirlo, a huir juntos?
Asintió. "Se han comprando una casa. Creo que van a buscar
empleo entre los humanos."
Miré a Aarón, que de repente se había vuelto tímido conmigo
allí. "¿Como están llevando eso Abby y Xander?"
"Bueno. Están avergonzados. Piensan que es estúpido."
Entonces se dio cuenta de con quien estaba hablando. "Oh No
quise decir-"
"No importa". Le di una pequeña sonrisa. "Es estúpido."
Wow. Estaba conmocionada. La parte rebelde en mí amaba
cualquier historia donde las personas "Luchaban contra el
sistema." Sin embargo, en este caso, estaban luchando en
contra de mi sistema, aquel en el cual había sido entrenada
para creer toda mi vida.
Dhampirs y Moroi tenían un extraño acuerdo. Originalmente
los Dhampirs habían nacido de las relaciones entre los Moroi
y los humanos. Lamentablemente, los dhampirs no se podían
reproducir entre si - o con seres humanos. Es una de esas
cosas extrañas de la genética. A las mulas les pasaba igual,
según me habían contado, a pesar de ser una comparación
que no me gustaba mucho oír. Dhampirs y Moroi puros
podían tener hijos, y por medio de otra rareza de la genética,
los niños eran dhampirs, con la mitad de los genes humanos,
la mitad de los genes de los vampiros.
Como los Moroi eran los únicos con los dhampirs se podían
reproducir, teníamos que estar unidos y cerca de ellos. Es
decir, que se convirtió en importante para nosotros que los
Moroi simplemente sobreviviesen. Sin ellos, los dhampirs
estaríamos acabados. Y la forma en que los Strigoi adoraban
destruir a los Moroi, su supervivencia se había convertido en
una preocupación legítima para nosotros.
Y por eso se desenvolvió el sistema de guardianes. Los
Dhampirs no podíamos usar magia, pero éramos grandes
guerreros. Heredábamos los sentidos y los reflejos aguzados
de nuestros genes vampíricos, y una gran fuerza y resistencia
de los genes humanos. Tampoco estábamos limitados por la
necesidad de sangre o por problemas con la luz del sol. Por
supuesto, no éramos tan poderosos como los Strigoi, pero
entrenábamos duro, y los guardianes hacían un maldito buen
trabajo manteniendo a salvo a los Moroi. La mayoría de los
dhampirs creía que merecía la pena arriesgar la vida para
asegurarse de que nuestra especie pudiese continuar
reproduciéndose.
Considerando que normalmente los Moroi querían tener y
criar niños Moroi, no se encontraban muchas parejas
duraderas entre Moroi-dhampir. Principalmente, no
encontrabas muchas mujeres Moroi vinculándose con chicos
dhampir. Pero a una gran cantidad de jóvenes Moroi les
gustaba salir con mujeres dhampir, aunque por lo general,
eventualmente se casan con mujeres Moroi. Esto dio lugar a
una gran cantidad de madres solteras dhampir, pero eran
fuertes y podían manejarlo.
Sin embargo, muchas madres dhampir optaron por no ser
guardianes para así poder criar a sus hijos. Estas mujeres, a
veces tienen puestos de trabajo "comunes", trabajando con
Morois o humanos; y algunas de ellas vivían juntas, en
comunidades. Estas comunidades tenían una mala
reputación. No sé cuanto de eso cierto, pero los rumores
decían que los hombres Moroi las visitaban a cualquier hora
en busca de sexo. Y que algunas mujeres dhampir dejaban
que tomasen su sangre, mientras lo hacían. Putas de sangre.
Además, casi todos los guardias eran hombres, lo que
significa que hay más Morois que guardianes. La mayoría de
los chicos dhampir aceptaban que no podían tener hijos. Ellos
sabían que era su responsabilidad proteger a los Moroi,
mientras que sus hermanas y primas tenían hijos.
Algunas mujeres Dhampir, al igual que mi madre, todavía
sentían que era su deber seguir siendo guardianas - incluso si
eso significa no criar a sus propios hijos. Después de que yo
naciera, ella me entregó para ser criada por un Moroi.
Dhampirs y Morois comenzaban a asistir a la escuela desde
muy pequeños, y la Academia básicamente ocupó el lugar de
mis padres cuando tenía cuatro años.
Como resultado del ejemplo que mi madre me dio y mi vida
en la Academia, creía plenamente que el deber de un dhampir
era el de proteger a los Moroi. Es parte de nuestro
patrimonio, y la única forma de seguir existiendo. Tan simple
como eso.
Y esa es la razón de por que la actitud del guardián de los
Badicas me resultaba tan espantoso. Había abandonado a su
Moroi y huido con otro guardián, lo que significaba que ella
también abandonó a su Moroi. No podían tener hijos, y ahora
dos familias estaban desprotegidas.
¿Cuál era el objetivo? A nadie le importaba si dos
adolescentes dhampirs se enamoraban o de si dhampirs
adultos tenían alguna que otra aventura. Pero ¿una relación
seria? En particular una en la cuál los dos saliesen huyendo?
Un completo desperdicio. Y una vergüenza.
Después de un poco de especulación sobre los Badicas, Lissa y
yo nos despedimos de Aarón. Tan pronto dimos un paso
fuera, escuché el ruido de un gracioso movimiento seguido
por algo que se deslizaba. Demasiado tarde me di cuenta de lo
que había ocurrido, sólo cuando una gran cantidad de nieve
derretida del techo de la capilla cayó encima de nosotras.
Había nevado la noche anterior, pero como era principios de
octubre comenzó a derretirse casi de inmediato. Y como
consecuencia, la que nos cayó encima estaba muy derretida y
fría.
La mayor parte cayó encima de Lissa, pero aún así solté un
gritito cuando el agua helada me cayó encima del pelo y del
cuello. Algunos otros, que estaban cerca, también gritaron, al
ver la mini avalancha.
"¿Estás bien?" Le pregunté. Su chaqueta estaba empapada, y
su pelo platino pegado a los lados de su cara.
"S-sií", dijo entre dientes.
Me quité mi abrigo y se lo ofrecí. Era impermeable y había
rechazado la mayor parte del agua. "Quítate la chaqueta."
"Pero vas a tener-"
"¡Quítatela!"
Se la quitó, y mientras se ponía mi abrigo, finalmente me di
cuenta de las risas que siempre siguen a una situación como
ésta. Evitando las miradas, me concentré, en cambio, en
mantener asegurada la chaqueta de Lissa, mientras ella se
cambiaba.
"Me hubiese gustado que no estuvieras llevando un abrigo,
Rose", dijo Ralf Sarcozy, un Moroi particularmente
corpulento y rechoncho. Lo odiaba. "Esa blusa se vería muy
bien mojada".
"Esa blusa es tan fea que debería ser quemada. ¿Se la
compraste a un mendigo?"
Levanté la vista cuando Mia pasaba y entrelazaba su brazo
con el de Aarón. Sus rizos rubio perfectamente peinados,
llevaba un increíble par de zapatos negros de tacón de aguja
que se hubiesen visto mucho mejor en mi. Al menos la hacían
más alta, tenía que reconocerlo. Aaron había estado a unos
pocos pasos detrás de nosotras pero milagrosamente había
evitado la nieve derretida. Viendo lo orgullosa que ella estaba,
decidí que no había sido un milagro.
"Me imagino que quieres ofrecerte para quemarla, ¿verdad?"
Le pregunté, negándome a dejarle saber cuanto me había
molestado su insulto. Sabía perfectamente bien que mi
concepto de la moda se había atrasado en los últimos dos
años. "Oh, espera – el fuego no es tu elemento, ¿no? El tuyo
es el agua. ¡Qué casualidad que nos haya caído una tromba
encima".
Mia puso cara de haber sido insultada, pero el brillo en sus
ojos mostraba que estaba disfrutando demasiado para ser
simplemente una inocente espectadora. "¿Qué debería
significar eso?”
"Nada para mí. Pero la Sra. Kirova probablemente tendrá algo
que decir cuando descubra que utilizaste magia contra otro
estudiante."
"Esto no fue un ataque", se burló. "Y no he sido yo. Fue un
acto de Dios".
Algunos se rieron, los suficientes para que Mia se regodease.
En mi imaginación le respondí: Esto también, y la tiraría
contra la pared de la Iglesia. En la vida real, Lissa me empujó
y me dijo "Vámonos".
Nos dirigimos a nuestros dormitorios, dejando atrás risas y
bromas acerca de nuestro estado y de cómo Lissa aún no se
había especializado. Por dentro, yo hervía. Comprendí, que
tenía que hacer algo con Mia. Además de normal irritación
causada por la lengua bífida de Mia, no quería que Lissa
tuviese que hacer frente a más estrés del que ya tenía. Nos
había ido bien esta primera semana, y quería que siguiésemos
así.
"Sabes", le dije, "Cada vez creo mas firmemente que robar a
Aaron de vuelta es algo bueno. Le enseñarías a esa Muñeca
Vaca una lección. Además, creo que sería fácil. Él todavía está
loco por ti. "
"No quiero enseñarle una lección a nadie," dijo Lissa. "Y yo no
estoy loca por el."
"Vamos, ella pelea y habla de nosotras a nuestras espaldas.
Ayer me acusó de tener pantalones vaqueros del Ejército de la
Salvación".
"Tus vaqueros son del Ejército de la Salvación".
"Bueno, sí," resoplé "pero no tiene derecho a reírse de ellos
cuando esta vistiendo cosas de la Target"
"Oye, no hay nada malo en Target. Me gusta Target. "
"A mi también. Pero esa no es la cuestión. Ella pretende
hacerlas pasar por ropas de la marca de Stella McCartney."
"¿Y eso es un crimen?"
Fingí una solemne expresión. "Absolutamente. Tienes que
vengarte."
"Te lo dije, no me interesa vengarme." Y me miró firmemente.
"Y tú tampoco deberías estarlo".
Sonreí de la forma más inocente que pude, y cuando cada una
siguió su camino, una vez más me sentí aliviada de que no
pudiese leer mis pensamientos.
"Y entonces, ¿cuando la gran lucha de mujeres va a pasar?"
Mason me esperaba fuera de la habitación después de que me
hubiese separado de Lissa.
Se veía despreocupado y guapo, apoyado contra la pared con
los brazos cruzados mientras me miraba.
"No se a lo que te refieres."
Desplegó sus brazos y caminó conmigo al interior del edificio,
dejándome su chaqueta por que yo el había dejado a Lissa la
mía. "Te vi hablando en el exterior de capilla. ¿No tienes
ningún respeto por la casa de Dios? "
Resoplé. "Tienes casi el mismo respeto que yo tengo, pagano.
Si ni tan si quiera vas. Además, como has dicho, estábamos
fuera".
"Y no me has respondido a la pregunta."
Sólo le di una amplia sonrisa y me puse su chaqueta.
Nos quedamos en la zona común de los dormitorios, una sala
de estar muy bien supervisada y una zona de estudio donde
los estudiantes de ambos sexos se podían mezclar, además de
los invitados Moroi.
Siendo domingo, estaba bastante concurrida con las tareas de
última hora para las clases del día siguiente. Al notar una
pequeña mesa vacía, agarré del brazo a Mason y lo llevé hasta
allí.
"¿No deberías ir directamente a tu habitación?"
Me senté en cuclillas en una silla, mirando alrededor con
cautela. "Hay un montón de gente aquí hoy, pasará un tiempo
antes de que me noten. Dios, estoy harta de estar encerrada. Y
sólo pasó una semana".
"También yo lo estoy. Te echamos de menos ayer a la noche.
Muchos de nosotros estuvimos en la sala de juegos. Eddie
estaba en racha."
Suspiré. "No me digas eso. No quiero oír hablar de tu
glamurosa vida".
"Muy bien". Apoyó su codo en la mesa y reposó su mentón en
la mano. "Así que háblame de Mia. Un día de estos la cogerás
y la golpearás, ¿verdad? Creo recordar que lo hiciste por lo
menos diez veces, con la gente que te molestaba. "
"Soy un nueva, y renovada Rose", le dije, intentando
mostrarme toda lo seria posible. Que no resultó muy bien. El
sonrió. "Además, si hago eso, romperé mi condicional con
Kirova. Tengo que andar por el buen camino."
"En otras palabras, que encontrarás una manera de vengarte
de Mia sin meterte en problemas."
Sentí una sonrisa forzando las esquinas de mis labios. "¿Sabes
lo qué me gusta de ti, Mase? Que piensas exactamente como
yo. "
"Un concepto aterrador", respondió secamente. "Dime
entonces lo que piensas de esto: puede que sepa algo sobre
ella, aunque probablemente no debería contártelo... "
Me incline hacia él. "Oh, ahora ya has empezado. Ahora tienes
que contármelo".
"Sería un error", me provocó, "¿Como se que no usarás esta
información para hacer algo malo?"
Parpadeé varias veces. "¿Puedes resistirte a esta carita?"
Me estudió durante un momento. "No. Realmente, no puedo.
Bueno, aquí va: Mia no es de la realeza. "
Me relaje en la silla de nuevo. "No bromees. Ya lo sabía. Sé
quien es de la realeza desde que tenía dos años. "
"Sí, pero eso no es todo. Sus padres trabajan para uno de los
Lords Drozdovs." Agité mi mano con impaciencia. Una gran
cantidad de Moroi trabajaban en el mundo humano, pero la
sociedad Moroi también disponía de varias ofertas de empleo
por su propia raza. Alguien necesitaba ocuparlas. "En la
limpieza. Son prácticamente siervos. Su padre corta el césped
y su madre es una de las criadas".
En realidad, yo tenía un gran respeto por todo aquel que tenía
un trabajo a jornada completa, independientemente de cual
fuera su empleo. Personas en todo el mundo tenían que hacer
cosas desagradables para vivir. Pero, como ocurría con la
Target, se convertía en una cuestión diferente cuando alguien
trataba de hacerse pasar por lo que no es. Y durante la
semana que llevaba aquí, había sido testigo de cuanto Mia
quería desesperadamente encajar en la élite de la escuela.
"Nadie lo sabe", dije pensativa.
"Y ella no quiere que lo sepan. Ya sabes cómo es la realeza."
Hizo una pausa. "Bueno, a excepción de Lissa, por supuesto.
Harían que Mia lo pasase mal por eso."
"¿Como sabes todo esto?"
"Mi tío es el guardián de los Drozdovs".
"Y has estado guardando ese secreto, ¿no?"
"Hasta que me has corrompido. Entonces, ¿cuál es el camino
que vas a elegir: el bueno o el malo? "
"Creo que voy a darle a ella el honor-"
"Srta. Hathaway, sabes que no deberías estar aquí".
Una de las inspectoras de la residencia se detuvo delante de
nosotros, la expresión de su cara era de desaprobación.
Yo no estaba bromeando cuando dije que Mason pensaba
como yo. Mentía tan bien como yo. "Tenemos que hacer un
trabajo en grupo para la clase de idiomas. ¿Cómo lo haremos
si Rose está encerrada? "
La inspectora entrecerró los ojos. "No parece que estén
haciendo un trabajo".
Empujé el libro que me había dado el sacerdote y lo abrí
aleatoriamente. Lo había colocado sobre la mesa cuando nos
sentamos. "Estamos, um, trabajando en esto."
Todavía parecía sospechar. "Una hora. No te daré mas
tiempo, y será mejor que realmente os vea trabajar".
"Sí, señora," dijo Mason con gesto serio. "Absolutamente".
Ella se alejó todavía mirándonos. "Mi héroe", le dije.
Señaló el libro. "¿Qué es eso?"
"Algo que el Padre me dio. Tenía una duda sobre el sermón".
Me miró fijamente, asombrado.
"¡Oh, deja de mirarme así." Le eché una hojeada al índice.
"Estoy tratando de encontrar a una mujer llamada Anna."
Mason arrastró su silla, por lo que acabo sentándose muy
cerca de mí. "Muy bien. Vamos a ver. "
Encontré el número de la página que me llevó a la sección de
San Vladimir, sin sorpresa alguna. Rápidamente leímos el
capítulo buscando el nombre de Anna. Cuándo lo
encontramos el autor no tenía mucho que decir sobre ella.
Había incluido un trozo escrito por otro tipo que
aparentemente habían vivido en la misma época que San
Vladimir:
Y con Vladimir siempre estaba Anna, hija de Fyodor. El amor
de ellos era inocente y puro como el de un hermano y
hermana, y en varias ocasiones lo defendió contra los Strigoi
que intentaron matarlo y destruir su santidad. De la misma
manera, es ella quién lo consuela cuando el espíritu es difícil
de soportar, y las tinieblas de Satanás intentan acabar con el y
debilitar su salud y su cuerpo.
Contra eso también lo defiende, porque ellos estaban
conectados desde que el salvó su vida cuando era una niña.
Que Dios le hubiese enviado al bendito Vladimir, una
guardiana como ella, era una señal del amor de Dios, una
guardiana que era una shadow-kissed y que siempre sabía lo
que estaba en su corazón y su mente.
"Aquí está," dijo Mason. "Ella era la guardiana de él."
"Aquí no dice lo que significa shadow-kissed".
"Probablemente no significa nada".
Algo en mí no lo creía. Lo leí de nuevo, tratando de
interpretar el lenguaje antiguo.
Mason me miraba curiosamente, intentando ayudarme.
"Tal vez estaban enamorados", sugirió.
Yo me reí. "Él era un santo."
"¿Y qué? A los santos, probablemente también les guste el
sexo. Ese negocio de "hermano y hermana” es probablemente
fachada. Señaló una de las frases. "¿Ves? Estaban
"conectados".
Dio un parpadeo. "Es un código."
Conectados. Es una extraña elección de la palabra, pero no
quería necesariamente decir que Ana y Vladimir se
desgarrasen las ropas.
"No lo creo. Eran amigos cercanos. Los chicos y las chicas
pueden ser sólo amigos." Lo dije enfáticamente, y él me dio
una mirada seca.
"¿Sí? Nosotros somos amigos y no sé lo que hay en tu corazón
y tu mente" Puso una expresión de falso filósofo. "Por
supuesto, algunos sostienen que nunca se sabe lo que está
pasando en el corazón de una mujer"
"¡Oh, cállate", le bufé, empujándolo con el brazo.
"Debido a que ellas son criaturas extrañas y misteriosas",
continuó con su voz de profesor ", y un hombre debe saber
cómo leer sus pensamientos para poder hacerlas felices."
Empecé a reír sin control y, probablemente, estaría en
problemas de nuevo. "Vale, trata de leer mi mente y dejar de
ser tan-"
Dejé de reír y miró hacia abajo, de regreso al libro.
Conectados y siempre sabe lo que está en su corazón y en su
mente.
Finalmente lo comprendí, tenían una conexión. Apostaría
todo lo que tenía – lo que no era mucho – en eso. La
revelación fue aterradora. Había un montón de vagas
historias y mitos sobre guardianes y Morois “que
acostumbraban a tener conexiones”. Pero esta era la primera
vez que sabía con exactitud de alguien que la había tenido.
Mason notó mi sorpresa. "¿Estás bien? Pareces medio
extraña."
Me encogí de hombros. "Si. Bien."
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Anna Ivashkov
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Ficha de personaje
Nombre: Aelizs Ivanov
Raza: Dhampir principiante
Año: 2do año

MensajeTema: Capítulo 7   Sáb Dic 10, 2011 8:20 pm

Capítulo 7
Después de que pasaran algunas semanas, rápidamente me
olvidé de la cosa de Anna mientras la vida en la Academia me
envolvía. El choque de nuestro regreso se fue un poco, y
empezamos a caer en una rutina semi-cómoda. Mis días se
resumían en ir a la iglesia, desayunar con Lissa, y cualquier
tipo de vida social que podía conseguir más allá de eso. Al
tener negado cualquier tiempo libre, no tuve ningún
problema para dejar de ser centro de atención, pero a veces
lograba robar un poco de atención aquí y allí, a pesar de mi
noble su discurso sobre “pasar desapercibidas” No lo podía
evitar. Me gustaba coquetear, me gustaba estar con los
grupos, y me gusta hacer comentarios sarcásticos en clase.
Su nuevo papel de incógnito llamaba la atención simplemente
porque era completamente diferente de antes de que
escapáramos, cuando había estado tan activa con la realeza.
La mayoría de las personas lo dejaban pasar, aceptando que
la princesa Dragomir estaba saliendo de los radares sociales y
que estaba feliz andando con Natalie y su grupo. El
divagaciones de Natalie a veces me hacían querer golpearme
la mi cabeza contra la pared, pero ella era buena - mejor que
la mayor parte de la realeza - y la mayor parte del tiempo me
gustaba estar a su lado.
Y, como Kirova me había advertido, realmente me pasaba
todo el tiempo trabajando y entrenando. Pero cuanto más
tiempo pasaba, mi cuerpo dejaba de odiarme. Mis músculos
se volvían más resistentes, y mi fuerza aumentaba. Seguían
pateándome el culo en los entrenamientos, pero no tanto
como antes, lo que ya era algo. El mayor problema ahora
parecía ser mi piel. Entrenar en el exterior, expuesta al frío
durante tanto tiempo estaba agrietando mi cara, y sólo el
suministro constante de Lissa de lociones de cuidado de la
piel me impidió envejecer antes de hora. Ella no podía hacer
mucho para las ampollas de mis manos y los pies.

También se desarrolló una rutina entre Dimitri y yo. Mason
tenía razón cuando dijo que era antisocial.
Dimitri no andaba mucho con lo otros guardianes, a pesar de
que era evidente de que los demás lo respetaban. Y cuanto
más trabajaba con él, mas lo respetaba, aunque realmente no
entendía sus métodos de entrenamiento. No parecían muy
agresivos. Siempre comenzábamos estirando en el gimnasio,
y últimamente me enviaba fuera a correr, encarando el cada
vez más frío otoño de Montana.
Tres semanas después de mí regreso a la Academia, un día
que fui al gimnasio antes de las clases, lo encontré recostado
sobre una colchoneta leyendo un libro de Louis L'Amour.
Alguien había traído un Reproductor de CDs portátil y,
aunque eso me animó al principio la canción que estaba
sonando no lo hizo: " When Doves Cry" de Prince. Era
vergonzoso saber el título de la canción, pero uno de nuestros
colegas de habitación estaba obsesionado con los 80.
"Whoa, Dimitri," dije, tirando mi mochila en el suelo.
"Entiendo que este es un éxito actual en el este de Europa,
pero crees que podamos escuchar algo que no haya sido
gravado antes de que yo naciera?"
Ni se inmutó y apenas me miró. "¿Y qué te importa? Soy yo el
que va a escucharlo. Tú vas a estar fuera corriendo".
Hice una mueca mientras puse mi pie en la parte superior de
una barra y estiré los tendones de la pierna. Considerando
todas las cosas, Dimitri tenía una buena tolerancia de mi
sarcasmo.
Mientras no holgazanease en mi entrenamiento, él no lidiaba
con mis constantes comentarios.
"Oye", le pregunté, mientras me dirigía a la siguiente serie de
estiramientos "¿Qué fin tiene tanta carrera? Quiero decir,
entiendo la importancia de la fuerza y todo lo demás, pero yo
no debería practicar con algo con un poco más de lucha?
Todavía me están matando en la práctica en grupo. "
"Tal vez deberías golpear más fuerte", respondió secamente.
"Hablo en serio."
"Es difícil ver la diferencia." Bajó el libro, pero no se movió.
"Mi trabajo es prepararte para defender a la princesa y la
luchar contra las criaturas de la oscuridad, ¿verdad?"
"Sí"
"Entonces contéstame a esto: suponiendo que consigas
secuestrarla de nuevo y estáis por ahí en un centro comercial.
Entonces, mientras estáis allí, un Strigoi os ataca. ¿Qué
harías? "
"Depende de en que tienda estuviésemos."
Me miró.
"Muy bien. Lo apuñalaría con una estaca de plata. "
Dimitri se había sentado, cruzando las piernas en un
movimiento fluido. No entendía cómo alguien tan alto podía
ser tan elegante. "Oh?" Levantó sus cejas oscuras. "¿Tienes
una estaca de plata? ¿Y al menos sabes usarla? "
Aparté la mirada de su cuerpo y fruncí el ceño. Hechas con
magia elemental, las estacas de plata eran las armas más
mortíferas de los guardianes. Apuñalar a un Strigoi en el
corazón significaba la muerte inmediata. Las láminas eran
igual de mortales para los Moroi, entonces no se daban
fácilmente a los aprendices. Mi clase estaba sólo comenzando
a aprender a usarlas. Me había entrenado con un arma antes,
pero nadie me permitiría acercarme aún a una estaca.
Afortunadamente, hay otras dos formas de matar a un Strigoi.
"Muy bien. Le cortaría la cabeza".
"Ignorando el hecho de que no tienes un arma para hacerlo,
¿como compensarías el hecho de que podría ser 30 cm más
alto que tú?"
Enderecé mi cuerpo, irritada, dejando de tocarme los dedos
de los pies. "Bien, entonces le prendería fuego. "
"Una vez más, ¿con qué?"
"Vale, desisto. Ya tienes la respuesta. Estás bromeando
conmigo. Si estoy de compras y veo un Strigoi, ¿qué hago? "
Mirándome fijamente y sin parpadear me dijo. "Corre".
Reprimí el deseo de tirarle algo. Cuando terminé mis
estiramientos me dijo que saldría a correr conmigo. Esto era
nuevo. Tal vez la carrera me daría alguna idea de su
reputación asesina.
Salimos a la fría noche del mes de octubre. Regresar al
horario vampírico todavía me resultaba extraño. Las clases
aproximadamente empezarían en una hora, y esperaba que el
sol naciese, y no que se pusiese. Pero él se hundía en el
horizonte hacia el oeste, iluminando las montañas blancas de
nieve con un brillante color naranja. No hablamos. Él redujo
la marcha de su paso para combinarlo con el mío, por lo que
permanecimos juntos.
Eso me molestó, de repente yo quería su aprobación. Así que
establecí mi propio ritmo, trabajando mis pulmones y mis
músculos más duramente. Doce vueltas alrededor de la pista
equivalían a 5 km, todavía nos quedaban nueve.
Cuando llegamos a la antepenúltima vuelta, algunos
aprendices pasaron a nuestro lado, para ir a prepararse para
la práctica de grupo, en la cual yo también estaría. Al verme,
Mason aclamó. "¡Buena forma, Rose!"
Le sonreí y le saludé.
"Te estás quedando atrás" dijo Dimitri duramente, haciendo
que apartara la mirada de los chicos. La dureza en su voz me
sorprendió. "¿Es por eso que tus tiempos no están
mejorando? ¿Te distraes con facilidad? "
Avergonzada, aumenté mi velocidad de nuevo, a pesar de que
mi cuerpo había comenzado a gritarme obscenidades.
Terminamos la duodécima vuelta, y cuando comprobó el
tiempo, vio que había bajado en dos minutos mi mejor
tiempo.
"No está mal, ¿eh?" Grité cuando regresamos al interior para
hacer estiramientos de relajación. "Parece que podré llegar al
límite del país antes de que el Strigoi me atrape en el centro
comercial. Aunque no estoy segura de cómo lo haría Lissa".
"Si ella estuviese contigo, estaría bien."
Le miré sorprendida. Fue el primer elogio de la verdad que
me dio desde que comenzáramos el entrenamiento. Sus ojos
marrones me miraban, tanto con diversión como con
aprobación.
Y fue ahí que sucedió.
Sentí como si alguien me hubiese disparado. Aguado y
cortante, el terror estalló en mi cuerpo y en mi cabeza. Mi
visión era borrosa, y por un momento, ya no estaba allí
parada. Bajaba corriendo unas escaleras, asustada y
desesperada, queriendo salir de allí, necesitando encontrar...
a mí.
Mi visión se aclaró, dejándome de vuelta en la pista y fuera de
la cabeza de Lissa. Sin una palabra a Dimitri, salí de allí,
corriendo tan rápido como podía hacia el dormitorio Moroi.
No importó que mis piernas acabasen de soportar una mini
maratón. Corrieron rápidamente y sin esfuerzo, como si
fueran nuevas y brillantes.
Ligeramente, fui consciente de que Dimitri me alcanzaba y
me preguntaba que estaba mal, pero yo no podía responderle.
Tenía una sola y única tarea: llegar al dormitorio.
Su forma gigantesca y cubierta con hiedra se levantaba
delante de mí, cuando Lissa nos encontró, su rostro cubierto
de lágrimas. Me detuve de repente, mis pulmones a punto de
a explotar.
"¿Qué hay de malo? ¿Qué pasó?" Exigí, agarrándole las
manos, y obligándola a mirarme a los ojos.
Pero ella no podía responder. Arrojó sus brazos a mí
alrededor, sollozando en mi pecho. Me mantuve allí, alisando
su liso y sedoso pelo mientras le decía que todo estaría bien –
independientemente de lo que “todo” fuera. Y francamente,
no me importa lo que era en ese momento. Ella estaba allí y
estaba segura, y eso era todo lo que importaba. Dimitri estaba
cerca de nosotras, alerta y preparado para cualquier amenaza,
su cuerpo preparado para el ataque. Me sentía segura con él
en nuestro lado.
Una media hora más tarde, estábamos todos en el interior de
la habitación de Lissa con otros tres guardianes, la Sra.
Kirova, y la inspectora de la recepción. Esta era la primera vez
que veía la habitación de Lissa.
Natalie había conseguido ser la compañera de Lissa, y los dos
lados de la habitación contrastaban. El de Natalie era vivo, la
pared llena de fotos y un edredón de flores que no combinaba
con un dormitorio. Lissa tenía pocas posesiones, al igual que
yo, y no destacaba tanto. Tenía una foto colgada en la pared,
sacada el pasado Halloween, cuando nos habíamos disfrazado
de hadas, completando el traje con unas alas y maquillaje de
purpurina. Ver esta foto y recordar cómo lo habíamos hecho
provocó que se formase un gran dolor en mi pecho.
Con toda la agitación que había nadie notó que,
supuestamente, no debería estar allí. En el pasillo, se
apiñaron las chicas Moroi, tratando de descubrir lo que
estaba sucediendo. Natalie pasó a través de ellas, queriendo
saber cual era el motivo de tanta agitación en su cuarto.
Cuando lo descubrió, se detuvo abruptamente.
La impresión y la repugnancia aparecieron en la cara de casi
todos los que nos fijamos en la cama de Lissa.
Había un zorro en su almohada. Su pelo era de color rojizoanaranjado,
con un toque de blanco. Se veía tan suave y
tierno que podría ser una mascota, un gato tal vez, algo que
pondrías en tus brazos y acurrucarías.
Sin tener en cuenta el hecho de que su garganta había sido
cortada.
El interior de su garganta era de color rosa y similar a la
gelatina. La sangre había manchado el edredón, formando
una mancha oscura que se propagaba por todo el tejido. Los
ojos del zorro miraban fijamente arriba, a la nada, como en
una especie de shock, como si el zorro no pudiese creer lo que
estaba sucediendo.
Las náuseas se me acumulaban en el estómago, pero me
obligó a seguir mirando. No podía permitirme el lujo de
sentirme débil. Algún día tendría que matar a un Strigoi. Si
no podía hacer frente a un zorro, no sobreviviría a las
posteriores matanzas.
Lo que había pasado con el zorro era enfermo y perverso,
obviamente realizado por alguien tan perturbado que no
había palabras para describirlo. Lissa lo miraba fijamente, su
cara estaba pálida como la de un cadáver, y caminó unos
pasos en su dirección, las manos, involuntariamente, tratando
de alcanzarlo. Este repugnante acto la había herido
profundamente, lo sabía, considerando su amor por los
animales. A ella le gustaban, y a ellos les gustaba ella.
Mientras estábamos por nuestra cuenta, a menudo me pedía
tener una mascota, pero siempre me negué, recordando que
no podíamos cuidar de una para después dejarla cuando
tupiésemos que salir huyendo sin pleno aviso. Además, ellos
me odiaban. Entonces se contentó con ayudar y curar a
aquellos animales que estaban abandonados, y trabar amistad
con las mascotas de los demás, como el gato Oscar.
Sin embargo, no pudo curar a este zorro. No tenía como
hacerlo, pero vi en su cara que quiso ayudarlo, como lo hacia
con todos. Cogí su mano y la aleje de él, recordando una
conversación que habíamos tenido hace unos dos años.
"¿Qué es eso? ¿Es un grajo? "
"Es muy grande. Es un cuervo".
"¿Está muerto?"
"Sí, definitivamente muerto. No lo toques".
En aquel momento ella no me había escuchado. Esperaba que
ahora lo hiciese.
"Todavía estaba vivo cuando llegué". Me susurró Lissa,
sacudiéndome el brazo. "Apenas. Oh dios, estaba
retorciéndose. Debe haber sufrido tanto".
Sentí la bilis llegar a mi garganta. Bajo ninguna circunstancia
iba a vomitar ahora. "¿Tú-?
"No... quise... comencé..."
"Entonces olvídalo” le dije bruscamente. "Es una estupidez.
Una broma estúpida de alguien. Limpiaran todo esto. Incluso,
si o deseas, te darán una nueva habitación."
Se giró hacia mí, sus ojos casi salvajes. "Rose... recuerdas...
aquella vez... "
"Detente", le dije. "Olvídalo. Esto no es lo mismo. "
"¿Y si alguien lo vio? ¿Y si alguien sabe…?"
Agarré firmemente su brazo, clavándole las uñas para que me
prestase atención.
Se estremeció. "No. No es lo mismo. No tiene nada que ver
con eso. ¿Me oyes?" Podía sentir las miradas de Natalie y
Dimitri que estaban detrás de nosotras. "Todo estará bien.
Todo va a estar bien. "
No parecía que me creyese, pero Lissa asintió.
"Limpia eso", le dijo Kirova a la inspectora. "Y averigua si
alguien vio algo".
Finalmente alguien se dio cuenta de mi presencia y le ordenó
a Dimitri que me sacase de allí, sin importarles cuanto
implorase para que me dejasen quedarme con Lissa. Me
acompañó hasta los dormitorios de los aprendices. No habló
hasta que casi llegamos. "¿Sabes alguna cosa?. Algo sobre lo
que pasó. ¿Fue eso lo que querías decir cuando le dijiste a la
Directora Kirova que Lissa estaba en peligro? "
"No sé nada. Es sólo una broma de mal gusto".
"¿Tienes alguna idea de quien haría esto? O ¿por qué? "
Pensé en ello. Antes de marcharnos, podría haber sido
realizada por varias personas. Es lo que ocurre cuando eres
muy popular. Hay gente que te quiere y hay gente que te odia.
Pero ¿ahora?
Lissa había dejado de ser popular, en cierta medida. La única
persona que real y verdaderamente la despreciaba era Mia,
pero Mia parecía luchar sus batallas con palabras, no con
acciones. Y aunque hubiese decidido hacer algo más agresivo,
¿por qué hacer eso? Ella no parecía ser de ese tipo. Hay
millones de otros medios para vengarse de una persona.
"No", le dije. "No tengo ni idea".
"Rose, si sabes algo, tienes que decírmelo. Estamos en el
mismo lado. Los dos queremos protegerla. Esto es serio.
Me volví, tirando mi ira por el zorro encima de él. "Sí, esto es
serio. Es muy serio. Y tú me estás haciendo correr todos los
días cuando lo que debería hacer es aprender a luchar y
defenderla! Si quieres ayudar, enséñame algo! Enséñame a
luchar. Ya sé cómo escapar."
No me di cuenta hasta ese momento de lo mucho que quería
aprender, cómo quería demostrarle a Lissa y a todos los
demás de lo que era capaz. El incidente con el zorro me había
hecho sentir impotente, y no me había gustado. Quería hacer
algo, cualquier cosa.
Dimitri observó mi arrebato con calma, sin cambiar su
expresión. Cuando terminé, simplemente me hizo seña de
seguir adelante como si no hubiese dicho nada. "Vamos. Vas a
llegar tarde a la práctica."

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